Borrar lo amado

Hay una escena preciosa en la sugestiva película PROYECTO BRAINSTORM (1983). Nathalie Wood – en la que sería su última película – y Christopher Walken están a punto de divorciarse. Su matrimonio hace aguas y ya han dejado de amarse. Entonces ella o él (ya no recuerdo quién, pues hace años que vi la película) deciden utilizar la “máquina de recuerdos” que da titulo a la película.

El brainstorm es, ni más ni menos, una grabadora de recuerdos. Más incluso que de recuerdos (pues al fin y al cabo eso lo hace ya una simple película o las fotografías) es una grabadora de sensaciones y sentimientos. En los archivos del pasado, el matrimonio en crisis redescubre la sensación de amor, admiración, respeto, atracción, alegría, emotividad o cariño que solo unos pocos años antes se tenían mutuamente. Y al revivir tales sensaciones de una forma tan real, los protagonistas de la película afrontan su declive matrimonial de una forma menos irreversible de lo que pensaban.

Y creo que es cierto. Siempre me ha entristecido el odio que en ocasiones se manifiestan algunas parejas rotas o amistades destruidas. ¿Acaso han olvidado totalmente el amor verdadero – aunque no eterno – que durante un tiempo se profesaron? Es lógico sentirse heridos al ser traicionados, engañados o maltratados y, por lo tanto, es normal que en esos casos la pareja se separe y distancie; pero ya no me parece tan natural abjurar de los pasados sentimientos de amor, camaradería o respeto.

Alguna otra vez lo he escrito por aquí: el amor pasado, precisamente por haber ya sido, siempre será. Eso es irreversible. Wordsworth lo reflejó maravillosamente en su bellísima Oda a la Inmortalidad – recitada precisamente por Nathalie Wood en otra gran película: “Esplendor en la Hierba” – y que hoy aprovecho para recordar:

Aunque el resplandor que
en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mis miradas.

Aunque mis ojos ya no
puedan ver ese puro destello
que en mi juventud me deslumbraba.

Aunque nada pueda hacer
volver la hora del esplendor en la hierba,
de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos,
porque la belleza subsiste siempre en el recuerdo.

En aquella primera
simpatía que habiendo
sido una vez,
habrá de ser por siempre;
en los consoladores pensamientos
que brotaron del humano sufrimiento,
y en la fe que mira a través de la muerte.

…..




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