Los resultados de las elecciones del pasado domingo nos helaron el corazón a más de uno que aún conservábamos cierta confianza en la ciudadanía de este puñetero país (con perdón). La decepción, primero, y el abatimiento, después, invadieron a muchos españoles.
Que un tipo que llegó al poder como llegó, por la puerta de atrás. A través de una moción de censura que tomo como excusa una sentencia en la que se contenía un párrafo deliberadamente ambiguo sobre la credibilidad del testigo Rajoy, moción que fue apoyada por todos los enemigos de España, lo peor que se puede encontrar en nuestro Parlamento (donde, por cierto, debería prohibírseles estar a los que no acatan la Constitución y van contra la soberanía nacional).
Un individuo huérfano de principios ni moral, que es capaz de decir una cosa y su contraria en espacio de pocos meses y mantenerlas con idéntica desfachatez. Que está dispuesto a pactar con el diablo con tal de cumplir su propósito personal de mantenerse en el poder. Que se ha valido del Consejo de Ministros, semana tras semana, para realizar su propia campaña electoral, con el dinero de todos. Que ha vuelto a enfrentar, continuando la labor que emprendió Zapatero, a los españoles sacando a pasear la momia de Franco…. Que ese personaje, que pone en riesgo la unidad de España y representa un evidente peligro para la nación, seguramente el peor Presidente del Gobierno que hemos tenido (y hay bastante competencia), sea revalidado y consiga ciento veintitrés diputados, da que pensar sobre la pulsión autodestructora de este país.
Claro está que eso no podría haber sido posible sin la absoluta invasión de todos los canales televisivos por la izquierda progre y sus afluentes, que dan una visión de la realidad completamente sesgada y condenan al ostracismo las opiniones divergentes de la corrección política y, cuando las sacan, es para criminalizarlas o demonizarlas. La maniobra que le ha dado el triunfo a Sánchez ha sido agitar el monigote de la extrema derecha un día tras otro en sus medios afines (que son todos los mayoritarios).
Mientras el control de los medios, entregado por el PP de Rajoy a la izquierda (para hacer crecer el monstruo Podemos y que el miedo a éstos lo llevara a él a una mayoría absoluta, no hay nada nuevo bajo el sol) siga en las mismas manos, no será posible una autentica libertad en España.
Si la información es libertad, la desinformación es ausencia de la misma. Otro gran favor que le debe España a ese otro nefasto individuo que algún día la historia juzgara, pues de él provienen una buena parte de las catástrofes actuales. Porque, a mi manera de ver, la ignorancia sí es socialmente predominante. Y no sólo me refiero a cultura, sino a desinformación. Si una gran mayoría de personas sólo se informa por los medios masivos, copados por la izquierda progre, y no se preocupa ni tiene interés por acceder a otras visiones de la realidad, obtiene una visión muy parcial y escorada de esa realidad, y eso la convierte en ignorante, aunque se trate de personas de diferentes niveles culturales.
Pero como con estos mimbres hay que trabajar, hemos de abandonar la queja y la tristeza y ponernos manos a la obra. Es cuestión de emprender ya, sin dejar pasar un solo segundo más, la tarea de no ponérselo fácil al Gobierno que saldrá de estas elecciones.
Como dijo Santiago Abascal en la noche electoral, “Bienvenidos a la Resistencia”, bienvenidos a la tarea de oponerse con uñas y dientes a la dictadura de lo políticamente correcto, bienvenidos a la tarea de luchar por la unidad nacional, bienvenidos a la tarea de formar una trinchera que evite el paso de los quieren romper España, bienvenidos en suma al grupo de los que si creen en España y quieren pelearse por ella. La lucha de verdad comienza ahora.
La noche del 28 de abril de 2019 marcó el comienzo del fin de la preponderancia de una única visión de la realidad impuesta por unos españoles frente a todos los demás. Aunque el PP haya iniciado una huida desesperada hacia un inexistente centro, o quizá también gracias a que el PP no sabe dónde está su sito. No saber dónde está tu lugar no es más que la prueba de la inexistencia de principios. Y eso es lo que diferencia a Ciudadanos y el Partido Popular de la verdadera resistencia. La Resistencia ha comenzado y cada vez serán más los que la integren.
Porque España lo merece.