Berberechos y coquinas para todos

Esta Carmen Calvo de los nazis, las banderas de la libertad y los campos de concentración es la misma que mueve momias en helicóptero y la misma que en sede institucional revela al mundo que el eje de los contagios se encuentra más o menos alineado en una latitud aproximada imaginaria que uniría Nueva York-Madrid-Teherán-Pekín con temperaturas ni muy altas ni muy bajas… y todo en ese plan.

Esta Carmen Calvo es la misma que alumbraba la necesidad legislar para todos los planetas o que el dinero público no es de nadie y la misma que elabora una Ley de Memoria Democrática que entontecería a Orwell y que pretende dejar a los historiadores a la altura de un cantautor del estilo de Ismael Serrano.

Esta Carmen Calvo es la misma que afirmaba que “eso no lo ha dicho nunca el presidente del gobierno porque cuando lo dijo no era presidente del gobierno” y que vicepreside el gobierno más corrupto, obsceno y arbitrario del que se tiene noticia en Europa al menos desde la II Guerra Mundial.

Creo que ningún otro había protagonizado una catástrofe tan completa, abusiva y desparramada desde entonces y aún confía la muy plana en que no se lo tengamos en cuenta a ella ni a su jefe, porque la alternativa, bajo su desquiciado punto de vista, es un Mauthausen poblado de Mengeles y de tropas de las SS recortando libertades e invitando a cañas y berberechos como “el hombre de los caramelos” a los niños en la puerta de un colegio.

Creo que ya está bien de tan estratosféricas impostaciones de una izquierda enloquecida y bajo el efecto psicotrópico de un Pablo Iglesias convertido en droga alucinógena que engancha con toda la vieja y oxidada parafernalia de los discursos guerracivilistas entroncados con la magia fumeta del “No nos moverán” o del más arrinconado aún y demodé “No pasarán”.

Ya vale, coño, que tenéis sobre vuestros hombros un país que ha desplomado hasta el suelo los más de 60 millones de visitas de turistas al año y aumentado la tragedia a más de 150.000 muertos por una pandemia a la que esa señora no quiso hacerle ni puñetero caso porque en la manifa del 8-M en la que ella misma se contagió del virus “se nos iba la vida” para llegar a casa “solas y borrachas”.

No es ni medianamente serio que tengamos un gobierno en manos de un ególatra y maniobrero capaz de sumir a un país en un agujero negro que durará cincuenta años sólo por darse el gustazo de permanecer sentado a los mandos de una nave que no sabe cómo remontar el vuelo. Y tampoco es de recibo que lo vicepresida una señora a la que hay que recogerle las pocas neuronas que le quedan esparcidas por el suelo.

Tómenselo en serio de una vez, ¡gensanta!, y digámoslo a las claras: es completamente perverso e imposible que funcione un gobierno cuya pretendida excelencia se base en tipos como Carmen Calvo, Ábalos o Adriana Lastra; en gente absurda y de color rosa o mandarina como Yolanda Díaz, Irene Montero o Ione Belarra; o en troncas y troncos tan poco rigurosas como María Jesús Montero, Reyes Maroto, Fernando Simón o Miguel Iceta.

Eso no es un gobierno, leñes, sino “una banda” para hacer un picnic, como acertó a decir Albert Rivera antes de dejar su partido en manos de otra que tal baila. No quiero ni pensar los ‘análisis de orina’ de Calvo, Ábalos o Adriana Lastra en una ejecutiva federal a propósito del estacazo electoral madrileño, porque aquello debe ser glorioso:

– “¿Qué tal si decimos que vienen los fascistas por Andorra…?”, sugiere Ábalos.

“Me parece poco, José Luis. Creo que debemos advertir de los nazis…”, añade Carmen Calvo.

– “Y el machismo, ¿vale?”, apuntala Lastra.

Ni sus más yihadistas seguidores alcanzan a entender cómo es posible que la izquierda haga frente a la hecatombe con semejante reunión de incapaces y obsecuentes a los que les resbala todo y algunos hasta se preguntan dónde están los profesores supuestamente preparados que otorguen alguna pátina de dignidad y de auctoritas que elabore un plan de salida a la debacle.

La estúpida e inane voluntad de Sánchez de loar un plan de rescate de la UE que pagaremos a pulmón todos los españolitos es la firma de un suicidio del que pretende convencernos que se trata de un accidente y ni siquiera una remodelación urgente de gobierno que saque de una puñetera vez a los secuaces de Iglesias del Consejo de Ministros logrará aliviar la sensación de que han hundido al país con sus dejaciones y con negarse a asumir la realidad mientras el presidente se iba de vacaciones a comer coquinas con su séquito de amigos a Doñana.

A los que vengan les tocará otra vez administrar la ruina y entonces ‘resucitará’ Iglesias para señalarlos como culpables de los recortes y de las subidas colosales de impuestos que nos llegarán de Europa para pagar la absoluta ineficacia de un gobierno sumido en esta pesadilla de millones de parados y de saqueos fiscales para pagar los delirios de gente sin ningún conocimiento.

He dicho.




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