El Belén que puso Dios

He vuelto a leer estos días un maravilloso cuento de Navidad que aconsejo a todos, niños y mayores. Se titula “El Belén que puso Dios” (Enrique Azcárate, Ed. Palabra). La trama es tan sencilla y sugerente como el título: Dios puso su Belén y alrededor del Misterio fue creando las montañas, los ríos y los hombres, es decir, el centro de la Historia del mundo es la venida de Dios a la tierra, el Nacimiento de Jesús, y todo lo demás es la ocasión. Este sencillo argumento del que no quiero desvelar más, es sugerente y sutil teológicamente hablando, pero encierra la verdadera historia de la Navidad y su sentido más profundo.

La Navidad no la ha inventado el consumismo de los Grandes Almacenes, ni tampoco es producto de una trama oscurantista de clérigos retrógrados, se trata de una realidad histórica: el nacimiento de un personaje que desde una profunda humildad, con una doctrina maravillosa y con un aparente fracaso, cambió los destinos del mundo.

Cuando hace 3 años viajé a Tierra Santa he de confesar que lo hacía con una buena dosis de escepticismo. Por mi condición de Historiador sabía de las múltiples invasiones y destrucciones que han sufrido los Santos Lugares a consecuencia de las cuales puede decirse que se ha cumplido la profecía del mismo Jesús, “no quedará piedra sobre piedra”. Efectivamente tal era el propósito de Romanos, Persas, Árabes, Turcos y otras “culturas” menores que, en principio, consiguieron su objetivo, aunque a la postre el resultado haya sido el contrario. Las técnicas de la Arqueología moderna han podido señalar con precisión lugares y fechas precisamente por el afán destructor que tuvieron los enemigos del cristianismo, que en su empeño de ocultación han dejado un rastro nítido de los hechos. Ahora quien viaja al Israel histórico lo hace guiado por la seguridad que le da la ciencia más sofisticada. No es una simple tradición, un “se dice” o “se cree”, hay una certeza histórica tan grande o mayor que la de cualquier suceso de la antigüedad sobre el que nadie duda.

Esto me ha venido a la mente cuando he recibido un whatsapp de un amigo: “eliminan el Árbol de Navidad en el Ambulatorio de El Cachorro y los crucifijos en El Greco, ¡por fin se ha arreglado la Sanidad Andaluza!; menuda tropa nos dirige”. Efectivamente es lamentable y no hace falta extenderse para explicarlo: hay que borrar todo rastro de la fe cristiana porque puede molestar a alguien ¡¿Por qué?! La lamentable alcaldesa de Madrid se niega a poner el Belén porque no todos son cristianos en la capital (sic dixit), pero hace ondear la bandera del ¿orgullo? gay… (¿Son todos los madrileños homosexuales?).

La historia se repite. El auténtico oscurantismo contrario a la más simple libertad y a la realidad de la historia, a una cultura milenaria. Hoy como ayer lo que conseguirán será una revitalización de la fe. Dios no vino con ruido, no es su estilo, ni ahora lloverá fuego y azufre del cielo sobre los intransigentes de lo políticamente correcto como no lo hizo sobre Herodes y sus secuaces, simplemente tendrán una oscuridad en su corazón que procurarán extender para justificar su cobardía, pero la Luz es más fuerte y quien quiera recibirla la poseerá y será el centro de su vida y formará parte importante del Belén que puso Dios.




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