Bar Coli: de aquí al Cielo

Cuando un servidor estudiaba en Portaceli, el inicio de la Cuaresma lo marcaba la preceptiva visita al Bar Coli del barrio de Nervión, en la calle Padre Campelo. 

En cuanto terminaba la Misa del miércoles de ceniza y ya nos hallábamos en gracia con El De Arriba, nos considerábamos revestidos de una patente de corso antes de zarpar hacia el piadoso océano cuaresmal, de modo que acudíamos a celebrarlo al glorioso Bar Coli, que por algo su dueño era el padre del colega Antonio y ambos, padre e hijo, generosos como buenos sevillistas y sabiendo que íbamos cortitos con sifón, se enrollaban con toda la peña, invitándonos a lo más grande para remojar el gaznate. 

Nuestra etapa escolar finalizó hace mucho. Pero me asombra compartir, con mis amigos de pupitre y recreo, la sensación de no haber abandonado jamás aquellas aulas en las que tanto aprendimos. Y lo hago extensivo a nuestras compañeras que se incorporaron en el último curso, el COU. 

Somos muchos los que tenemos siempre presentes al Padre Aldama; a don José Alba, profesor de matemáticas; a “El Bola” (con todo respeto), de gimnasia; a la señorita Serrano, de historia … y a tantísimos profesores que nos enseñaron, sobre todo, a valernos en la vida. 

Y ahí lo tengo también. Ocupando una grada de honor en el hondón del alma. El Bar Coli. Por supuesto. Donde, como buenos colegiales, echábamos pestes de nuestros curas y maestros, faltaría más. Sin advertir el inmenso legado con el que nos enriquecían día a día, y que tanto nos sirve ahora para afrontar adversidades y lo que esté por venir. 

Pienso en esto porque el pasado jueves fue nuestro miércoles. De ceniza. En el Coli. 

Unos cuantos de nosotros estuvimos allí, enviándoles a los demás un selfie en el que se ven los caretos del Pascual, el Benjumea, el Segura, el Coli y el Hervella, un servidor, que en la mili del colegio nos llamábamos por el apellido. 

Hablamos sin guión previo, saltando de un tema a otro, humano, divino o profano. Escuchamos las sentencias del Coli, sabio como Parménides y más listo que Briján …

 

– “Siempre sois bienvenidos aquí en la reunión de los jueves” 

– “Es un día chungo para la mayoría. ¿Lo cambiamos al viernes?’ 

– “No. El jueves es el mejor día para el Benjumea, que es el que manda” – “Entiendo. No hay más que hablar”. 

 

Y, sobre todo, hemos bebido, como los peces en el río del villancico, que volviendo a casa a mi mente la asaltaron los recuerdos de cuando volvía en similar estado desde el Coli cuando era estudiante, con la ceniza en la frente y varias cervezas de más en el vientre.

Le doy gracias a El De Arriba por haber iniciado la Cuaresma así, cumpliendo con tan piadosa tradición de quienes tuvimos la gran fortuna de haber estudiado en el Portaceli, agradecido por la riqueza humana y espiritual que nuestros padres y nuestros profesores nos legaron. 

No he sentido un ápice de melancolía, sino todo lo contrario: de esperanza y de futuro. Rememorando, entre tragos, las máximas de los jesuitas, grabadas a fuego en nuestras entrañas desde críos: “Amar a alguien significa decirle, con nuestras palabras y hechos: tú no morirás nunca”; “Para llamarnos cristianos hemos de pensar que la felicidad del otro es tan importante como la de uno mismo”; “No debemos cometer el mayor de los errores: quedarnos cruzados de brazos sin hacer nada por miedo a equivocarnos” … 

Quizás, sólo cuando salimos del colegio e intentamos llevar tales principios a las rigurosidades de la vida, es cuando nos concedemos la licencia de llamarnos por nuestros nombres de pila, como si estos fueran un título honorífico: Vicente, Paco, Luis, Antonio y Pepe, el que suscribe. 

Los cinco de la foto hemos empezado bien la Cuaresma. Ha sido un encuentro feliz en un Bar de arte. 

Y como Antonio Coli me vaciló, diciéndome que no era capaz de escribir acerca de su Bar, y como uno le dijo que sí y aprendió en el cole que la palabra va al cielo … ¡aquí lo llevas, compadre Coli! ¡Y gracias por habernos invitado! ¡De nuevo! 

Del Bar Coli al Cielo, como aquel que dijo. Y como Dios manda. 

Pepe Rodríguez Hervella: perrogrifon1965@gmail.com




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