Bajarse al moro en bancarrota

La atractiva ciudad de Larache, 85 kms hacia el sur de Tánger, que fue parte del Protectorado español en el norte de África antes de la independencia de Marruecos, cuenta con un puerto y una flota pesquera que a mí me dejaron boquiabierto hace menos de un lustro. La diferencia de tamaño con las flotas de, por ejemplo, Sanlúcar, El Puerto o Chipiona, es descomunal a simple vista. Es sólo una plaza.

A pasos agigantados, en lo que va de siglo el Reino de Marruecos ha desarrollado una línea de AVE que cruza de norte a sur hasta Marrakech y ha conectado con autopistas las principales ciudades. Tánger, situada a 20 kms de Tarifa cruzando el Estrecho, es hoy una ciudad donde no ha cesado la construcción de modernos barrios residenciales y la transformación de sus líneas de acceso es evidente.

Muy cerca de ahí, en dirección a Ceuta, Marruecos cuenta con la base naval de Alcázarseguir, en la que se ha rumoreado que podría instalarse el llamado “Mando África” de las fuerzas estadounidenses, en detrimento de la Base conjunta de Rota, que hasta hace poco estaba ubicado en Alemania, y a continuación se encuentra el megapuerto comercial de Tánger-Med, capaz de competir sobradamente en volumen de mercancías y pasajeros con los de Algeciras o Málaga.

Sólo un poco hacia el interior y ya muy cerca de la zona donde se ubica el islote Perejil, a 20 Kms de Ceuta, se encuentra el megaproyecto en marcha de Tánger-Tech, ciudad residencial e industrial con financiación de varios consorcios chinos que aspira a concentrar el desarrollo de las más modernas tecnologías y que no tardará demasiado en lograr la cifra de 100.000 habitantes. Muchas de las grandes industrias europeas y asiáticas, entre ellas Volkswagen, Renault o Huawei, ya se han instalado o están en fase de instalarse en la zona.

Mucho más al sur, ya al borde desértico del Sáhara, el diario ABC revelaba ayer que se está construyendo el mayor centro mundial de producción de tomates y de otros varios productos hortofrutícolas, como melones, sandías o frutos rojos, lo que ya supone una competencia desigual con la producción española, utilizando para ello los recursos hídricos ocultos bajo la Hamada.

En ese escenario actual, justo antes de su salida de la Casa Blanca, el ex presidente Donald Trump reconoció la autoridad de Marruecos sobre el territorio saharaui a cambio de su reconocimiento del Estado de Israel y Biden ha continuado en esa misma línea de colaboración, desdeñando por completo mantener siquiera contacto directo alguno con el Gobierno de tintes bolivarianos de Pedro Sánchez e Iglesias

Hace apenas un año, Trump impuso aranceles del 25% a varios productos españoles, entre ellos el aceite de oliva, con el argumento de las sanciones exigidas por parte de la UE y de España en un conflicto con la industria aeronáutica, pero ahora es Biden quien anuncia nuevos aranceles del mismo calibre a otros diversos productos españoles, entre ellos el sector textil, por la ocurrencia de imponer por nuestra cuenta la llamada “tasa Google”, que ni siquiera Francia ni el resto de países de la UE se han atrevido a poner en marcha.

Al mismo tiempo, este mes de junio, la Armada estadounidense llevará a cabo maniobras militares alrededor de Canarias en un ejercicio conjunto con la Marina marroquí al que han sido invitados hasta nueve países, entre ellos Portugal, pero al que no ha sido invitada la Armada española. Y a su vez, EE.UU. anunció recientemente el acuerdo alcanzado para suministrar a Marruecos una partida de los F-35, el mejor y más caro de los aviones de combate del mundo.

Mientras todo esto ocurre, parte del capital español y norteamericano de la industria agroalimentaria se ha lanzado a invertir en Marruecos, ya que se sus productos no encuentran trabas de entrada en EE.UU. y la UE tampoco ejercita el control exhaustivo que se le exige a nuestra producción.

Miles de hectáreas de olivar se están transformando, tanto en Marruecos como en España, en lo que se conoce como producción “superintensiva” y cualquiera puede observar hoy día esas plantaciones de olivos de pequeño tamaño pero a poca distancia unos de otros que logran abaratar la recogida y la mano de obra en un porcentaje de más del 30%. Donde antes había 100 olivos tradicionales, ahora caben 2.000 plantones de “superintensivo” que multiplican por mucho la producción de aceite. Y si es en Marruecos, todavía más.

El Gobierno español pregona mantras insustanciales e inanes, pero Marruecos nos está devorando a grandes bocados y nos distrae con la inmigración, con la presión sobre las plazas españolas de Ceuta y Melilla o desata cada cierto tiempo una avalancha de conflictos con el tráfico de drogas. Sánchez y González Laya ni las huelen y sólo intentan espantarse las moscas diplomáticas a manotazos en mitad de una crisis económica insalvable.

Antes de que nos demos cuenta habrá que “bajarse al moro” para mendigar nuestra supervivencia mientras nos inundan de manera salvaje con una población inmigrante no sólo carente de cualificación, sino, además, de menores a los que nos vemos obligados a sostener con una Seguridad Social en bancarrota.

He dicho.




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *