Ayuso 4 – Sánchez 0

El 4 de mayo  se celebraron las elecciones autonómicas madrileñas que supusieron un éxito para Isabel Díaz Ayuso y un fracaso para Pedro Sánchez. Me dirán que cómo es eso posible dado que el Presidente del Gobierno no era candidato, pero si lo ha sido “de facto” porque, aún sin serlo “de iure”, Sánchez se ha lanzado al ruedo para lidiar a su némesis madrileña y tratar de abatirla de un volapié. En el poblachón manchego de Magerit, una Astérix provinciana ha resistido el asedio de las legiones romanas y humillado al César con su victoria, sin más pócima mágica que el tintorro de las tabernas madrileñas. Como en todas las batallas, ha habido vencedores y vencidos. Entre los primeros, cabe destacar a la heroína Ayuso y -a su rebufo- a su pandilla del PP y, entre los segundos, la izquierda madrileña –des Sánchez a Ángel Gabilondo, de Ivan Redondo a Pablo Iglesias- cuyos tres partidos han sacado cinco escaños menos que el PP, y a Ayuso le han faltado sólo cuatro diputados para hacerle una “manita” a Sánchez. Podemos (Ps) con su emblemático líder  transformado en ariete autonómico para salvar a Madrid del fascismo, apenas ha logrado salvar los muebles con tres diputados más y Ciudadanos (Cs), liderado por de Edmundo Bal, ha desaparecido de la asamblea de la tribu. Rocío Monasterio ha conservado uno de los bastiones del poblado pese a los feroces ataques de los aliados del César y Marta García ha conseguido ganar una cabeza de puente, superando incluso a las huestes romanas. 

Aunque Madrid es España, España no es sólo Madrid y los resultados de unas elecciones autonómicas no son extrapolables a nivel nacional, en este caso no se ha tratado de una elecciones normales, dado que Sánchez ha aceptado el reto de la presidenta madrileña y se ha implicado personalmente en el combate, utilizando todos los recursos del Estado –desde el Centro de Investigaciones Sociológicas a la Guardia Civil- y hasta de las instituciones europeas, para tratar de vencer a su rival en desigual combate. Se ha implicado de lleno en la campaña planificada por su jefe de Gabinete y gurú particular, fijado las listas electorales al margen del Partido Socialista de Madrid (PSM), orientado la campaña conforme a criterios ininteligibles para el ciudadano medio y ninguneado a su candidato Gabilondo, al que ha convertido en una caricatura de sí mismo. Voy a hacer un comentario a bote pronto del desarrollo de las elecciones en función de las reacciones de primera mano de sus principales protagonistas.

Isabel Díaz Ayuso

La “tonta del bote”, la “cuqui”, la política cateta carente de las mínimas condiciones intelectuales y humanas para gobernar Madrid, ha plantado cara a Super-Sánchez y le ha dado jaque pese a jugar con las fichas negras, y éste le ha dado una patada al tablero. Ayuso ha presentado un programa y un equipo de gobierno, se ha centrado en los problemas que efectivamente afectan a los ciudadanos, ha competido tal como es –como Frank Sinatra, “a su manera”-, con sus deficiencias y sus virtudes, y como una madrileña orgullosa de serlo, y un tanto al margen de la línea oficial del PP, que la ha seguido por su tirón electoral, pese a que algunos de sus planteamientos y actuaciones se aparten de la ortodoxia pepera.. Ha soportado lo indecible –calumnias, insultos y descalificaciones- sin perder la sonrisa y al final le ha ganado la partida al presidente del Gobierno y a su testeferro.

No se ha endiosado con el triunfo,  ha dado muestras de humildad y agradecido el apoyo de  sus colaboradores, ha abierto sus brazos y prometido gobernar para todos los madrileños con independencia de como hayan votado y ha puesto su victoria a disposición del jefe de su partido, para que Madrid sea el comienzo del fín del reinado plurinacional de Pedro I el de las mercedes ¡Enhorabuena, Isabel del alma mía! Has ganado y has hecho ganar al sentido común, ofreciendo una fórmula alternativa, que -aunque sea a nivel autonómico- no difiere mucho de un gobierno a mayor escala, y has infligido la primera derrota electoral a un presidente menguado que parecía gozar de la protección de los dioses y ha puesto en pie un Gobierno-Frankenstein con el apoyo de  los antisistema de Ps, los separatistas catalanes y vascos, y los filoetarras de Bildu. Ya se pueden ver los signos de advertencia a Sánchez en la pared.

Pedro Sánchez/Ángel Gabilondo

El duo dinámico Sánchez-Gabilondo no ha funcionado al imponerse el primero sobre el segundo. Aunque Gabilondo era formalmente el cabeza de cartel del PSOE, Sánchez lo ha tratado como a un pelele, lo ha “esnobeado” y le ha forzado a hacer un papelón que no le hace justicia, porque no es un ni-ni Lastra, ni un no-no Ábalos, sino un prestigioso catedrático de Metafísica, quien –por una lealtad mal entendida- se ha prestado a hacer el ridículo. Parece como si la campaña orquestada desde la Moncloa hubiera sido dirigida en su contra en vez de a favor, pues no cesaron de contradecirlo y ponerlo en evidencia. Si un día decía que no tocaría los impuestos, al siguiente aparecía el Presidente o su ministra de Hacienda. María Jesús Montero, para asegurar que se aumentarían en esta legislatura; si decía que mantendría abierta la hostelería de Madrid, el PSOE criticaban acerbamente a Ayuso por haber arriesgado la salud de los madrileños por haberla mantenido abierta; si afirmaba que no cerraría el hospital Isabel Zendal, sus aliados de Más Madrid arremetían contra la sanidad privada y consideraban que el hospital era un despilfarro; si defendía que había que dialogar con rodos los partidos, la superioridad se alineaba con la tesis de Iglesias de que había que optar entre democracia y fascismo y, en consecuencia, luchar a muerte contra los fascistas de Vox y del PP. Así pasó de endosar el programa de Ayuso y de decir “Con este Iglesias, NO” a “Pablo, tenemos doce días para ganar las elecciones”. En fín, la rectificación permanente y el ninguneo continuo minaron la figura del candidato y desorientaron  al electorado socialista.

Desde el principio, Sánchez se implicó a fondo en la campaña siguiendo las directrices de su jefe de Gabinete, fijando las listas electorales al margen del PSM y del propio Gabilondo, dando continuos bandazos inexplicables para los simpatizantes socialista, y ridiculizando al candidato oficial, al que redujo a una caricatura de sí mismo. Sin embargo, fue diluyendo su presencia a medida que los sondeos indicaban que no salían las cuentas, hasta desaparecer del mapa de Madrid, porque él había sido elegido para más altos menesteres que preocuparse de los caprichos de los madrileños. En consecuencia, el PSOE ha perdido 279.000 votos y trece escaños, ha sido igualado en escaños y superado en votos por Más Madrid, y ha obtenido los peores resultados del socialismo en la Historia de la Comunidad.

El Gobierno y el PSOE dejaron a Gabilondo en la ardiente soledad para que expiara sus culpas, sin la ayuda de un cirineo que le echara una mano para llevar su cruz. ¿Dónde estaban los Sánchez, Redondo,  Marlaska, Ábalos o Lastra en la noche triste del 4 de mayo?  Nadie del Gobierno ni del partido salió a dar la cara y a hacer autocrítica. A última hora compareció el secretario de organización, Ábalos -con cara de malas pulgas-, para culpar del descalabro al desagradecido pueblo de Madrid y al PSM, al que pidió que se pusiera las pilas para revertir la situación en los elecciones de 2023

Pablo Iglesias

Haciendo gala de su inconmensurable ego, Pablo Iglesias abandonó la poltrona de la vice-presidencia –donde se aburría coma una ostra ante la dificultad de hacer oposición desde el Gobierno-, para salvar a la democracia y a Madrid del fascismo. Suponía una “contradictio in terminis”, porque difícilmente puede salvar la democracia alguien que no es demócrata. “Dejadme solo –pontificó-, que yo ac  abaré en un pis-pas con la plaga fascista”. Para su sorpresa, recibió la primera bofetada de las manos de la discípula de su antiguo nº 2 y candidata de Más Madrid, Mónica García, que rechazo la OPA hostil que le dirigía Iglesias para que aceptase su excelsa dirección. Iglesias impuso una campaña guerracivilista, abrasiva y descalificadora del centro-derecha, bajo el lema “Democracia o fascismo”, que no ha producido los resultados esperados por la izquierda, especialmente para sus socios de Gobierno, pero tampoco para su propio partido. Ha conseguido superar la fatídica barrera del 5%, pero sólo llegado hasta el 7.2% y ganado tres modestos escaños en relación con los que consiguió en 2019. 

Siguiendo su tendencia auto-inmoladora y su ansia por el espectáculo, ha dimitido de todos sus cargos en la misma noche de autos, acción prototípica de él y de su circunstancia narcisista, que no le permiten ser un simple diputado regional a la cabeza del grupo parlamentario más diminuto de la Asamblea. Hay que decir en su honor que ha aceptado que los resultados reflejaban la voluntad del pueblo de Madrid y que él aportaba yo poco a su partido, por lo que optaba por hacer mutis por el foro para no ser un “tapón”. Iglesia ha confesado que  “cuando uno deja de ser útil tiene que saber retirarse”. No ha podido resistir en su histrionismo presentarse como un víctima, el “chivo expiatorio” de la agresividad sin precedentes del PP, de la ultraderecha y de los medios de comunicación. Resulta paradójico que semejante comentario provenga de quien, ya en su tierna infancia política en la Complutense, organizó un escrache a la entonces presidenta de UPyP, Rosa Díez, que mantenía que los escraches eran “jarabe democrático”, y que alentaba el acoso a políticas embarazadas como Soraya Sáenz de Santamaría o Begoña Villacís por considerar que eran manifestaciones de la libertad de expresión, pero que calificaba de grave atentado contra los derechos humanos que apareciera en una carretera situada a varios kilómetros del lugar  donde él veraneaba la inscripción “Coletas, rata”. De quien ha enviado a sus escoltas a golpear a los simpatizantes de Vox y a la policía en Vallecas, acusado sin pruebas a Vox de haberlo amenazado de muerte mediante el envío de una carta que contenía cartuchos de bala o declarado su deseo de azotar a Mariló Montero hasta que sangrara.

Se ha preocupado de cubrir su retirada dejando parte del Gobierno en manos de comunistas confesos y practicantes, como la vice-presidenta Yolanda Díaz, los ministros Albero Garzón y Ione Bellara, o el secretario de Estado  Enrique Santiago. Ya sabemos que “Spain is different”, especialmente en el plano político, pero constituye un caso excepcional en la UE por ser el único Estado que cuenta en su Gobierno con varios ministros comunistas, sin tener en cuenta el hecho de que el Parlamento Europeo ha condenado tanto al fascismo como al comunismo, pues tan nefastos son los totalitarismo de derechas como los de izquierdas. La nuevas cepas de comunistas españoles siguen siendo marxistas leninistas que añoran los tiempos de Iosif Stalin y admiran las encarnaciones bolivarianas del marxismo en Cuba, Venezuela o Nicaragua. Esperemos que se cumpla su deseo y se retire de una vez del proscenio de la vida política, para que no siga intoxicando la vida de los españoles.

Mónica Garcia 

¡Ha anacido una estrella! La otra vencedora de la contienda, aunque en tono menor, ha sido la doctora Mónica García, que no sólo ha superado los resultados obtenidos por Íñigo Errejón en 2019, sino que ha igualado en escaños al PSOE y lo ha superado por 4.000 votos. Su campaña feminista y verde –en la que no ha seguido las directrices radicales de Ps y ha guardado las formas- le ha proporcionado un inesperado triunfo. García le tiene una inquina especial a Ayuso, a la que califica de “mala persona” y sigue con la monserga de que hay poner coto a las fechorías de la extrema derecha de Vox y de la derecha extrema del PP. Aunque la mona se vista de seda, comunista se queda. García es una comunista convencida hostil a la empresa  privada y no hay que olvidar que Más Madrid es una escisión de Ps causada no por motivos ideológicos, sino por la lucha por el poder entre Iglesias y Errejón –no cabían dos gallos en el mismo corral-, quienes siguen pensando más o menos lo mismo, inspirados en una marcada ideología marxista con toques tropicales. Habrá que ver si la trayectoria creciente de Más Madrid en la Comunidad se proyecta también a nivel nacional.

En sus momentos de exaltación por el éxito, García afirmó que el pueblo madrileño había dado la razón a su partido al concederle el 17% de los votos e insinuó que se había equivocado, sin embargo, al concederle el 44,72% a Ayuso. Ante la duda sobre si Gabilondo continuará liderando la oposición en la Asamblea y la retirada de Iglesias, es más que evidente que García se va a convertir en el principal referente de la izquierda madrileña a nivel autonómico. 

Rocío Monasterio

No lo tenía fácil por Vox por la polarización de la campaña, la reagrupación del electorado del centro y de la derecha entorno a Ayuso, y el buen cartel que ésta tenía en el electorado voxero. La implicación directa y personal de Santiago Abascal en las elecciones como jefe de la campaña de Vox ha quitado protagonismo a Rocío Monasterio, que ha luchado por conseguirlo, cayendo en ocasiones en un populismo chulapón y en excesiva rigidez y dureza. Ha tenido que hacer frente a las insidias y a las provocaciones del macho alfa de Ps y ha sido capaz de plantarle cara, recurriendo a veces a sus mismas armas. Se enfrentó a él en el debate de Telemadrid e incluso salió al quite en algunos ataques dirigidas a Ayuso –que era la pieza a abatir por parte de todos los candidatos de la oposición, incluida Vox, y lo sacó del debate en la cadena SER, aunque aquí sólo tuvo que empujar una puesta entornada, pues Iglesias ya había decidido marcharse del programa y esperó a encontrar una excusa propicia en las ariscas intervenciones de la arquitecta.

Monasterio ha salvado con éxito los muchos escollos que tenía en el camino, porque no podía criticar a Ayuso por su coincidencia en muchos puntos de su programa y por la popularidad que la presidenta gozaba entre los seguidores de Vox, por lo que trató de hacer especial hincapié en los temas en que había diferencia entre los hermanos separados, lo lo que se encargó especialmente Abascal, quien ha destacado que el triunfo logrado no era tanto del PP y de Pablo Casado, como personal de Ayuso, que había prescindido del símbolo de la gaviota. Monasterio ha tenido éxito en sus esfuerzos porque ha mantenido el número de votantes e incluso ha ganado un escaño. Los votos que Vox ha perdido por el regreso de muchos hijos pródigos populares que han regresado a la casa del padre, han sido compensados con los procedentes de antiguos votantes descontentos de Cs. Se ha mostrado satisfecha por haber logrado su principal objetivo, que era evitar que la izquierda gobernara la Comunidad de Madrid y de quedar por encima de Ps. 

El alto porcentaje de votos obtenido por Ayuso ha erosionado un tanto la influencia que Vox pueda ejercer sobre el PP, ya que ni siquiera es necesario su apoyo explícito para lograr la investidura, si bien Vox se lo ha ofrecido desde el principio. Aunque es harto improbable que representantes de Vox se incorporen al Gobierno autonómico, Ayuso necesitará el respaldo de Vox para aprobar las leyes, especialmente la de presupuestos, que en la actualidad están prorrogados desde finales de 2019. Por el momento, la presidenta en funciones ya ha prometido medidas que placerán a los oídos de Vox, como la bajada de impuestos y la reducción del número de carteras en la Junta y de escaños en la Asamblea.

Edmundo Bal

No cabe culpar a Edmundo Bal del fiasco de Cs, pues ha tenido que bailar con la más fea y enfrentarse a una misión imposible ante el descrédito acaudalado por el partido, que ha tenido que pagar la factura por sus absurdas trapacerías en Murcia, Castilla-León y el propio Madrid, donde presentó –o intento presentar, como en el último caso- mociones de censura contra su propio Gobierno. Cs sólo ha conseguido un 3.52% de los votos –bien lejos de la barrera del 5%, ha perdido sus 26 diputados y no estará representado en la Asamblea. 

Bal ha hecho una campaña excesivamente buenista presentando a Cs como el modelo a seguir, por ser el único partido que no se metía con nadie y favorecía la concordia y la cooperación interpartidaria. Ignoraba, sin embargo, que el tan reivindecado centro es un concepto geográfico de equidistancia entre los extremos y no ideológico, al carecer el partido de un programa claramente identificable, y ha podido comprobar que, a medida que aumentaba el enfrentamiento y la polarización se iba educiendo su espacio vital. Tampoco él, ni nadie de Cs ha hecho la requerida autocrítica y –con excesiva suficiencia- ha afirmado que los resultados habían sido malos no sólo para su partido, sino también para el pueblo español y el europeo, y ha culpado incluso a los madrileños de no haber hecho una adecuada elección, lo que lamentarían en el futuro, Pese a sufrir el tercer batacazo consecutivo –tras las elecciones generales, las catalanas y la madrileñas-, nadie parece dispuesto a asumir responsabilidades. Albert Rivera se equivocó, sufrió una dolorosa derrota, asumió sus errores y presentó la dimisión. Inés Arrimadas, por el contrario, no parece dispuesta a seguir su ejemplo y ha mantenido en el puente de mando a su deficiente equipo directivo. Cs se ha lanzado cuesta abajo camino de la desaparición por auto-consunción, lo cual sería lamentable porque España necesita una fuerza moderado de centro y porque elpartido cuenta con afiliados muy cualificados, pero se lo ha ganado a pulso por su falta de consistencia y por la acumulación y repetición de errores.

Perspectivas de futuro

La campaña de las elecciones de 2021 concluyó el 2 de mayo, y la precampaña para las de 2023 ya se ha abierto en la mañana del día 5 y va a durar todo lo que queda de legislatura, lo que supondrá un obstáculo para la normal gobernación de la Comunidad. Sánchez no perdona fácilmente y seguirá pasando factura a Ayuso por su osadía de hacerle frente, con su tradicional política anti-madrileña, salvo que se produzca un milagro y se convenza de que, por ese camino, nunca conseguirá ese obscuro objeto de deseo de gobernar la Comunidad de Madrid. Para satisfacer las inquinas hacia la capital de sus aliados de ERC, luchará contra el supuesto “dumping  fiscal” de Madrid y la inefable Montero –María Jesús- tratará de “armonizar” la fiscalidad obligando a la Comunidad a aumentar sus impuestos para igualarlos con los abusivamente percibidos por la Generalitat y reducirá la competencia fiscal de las comunidades autónomas, salvo as del País Vasco y Navarra, que son precisamente las únicas que deberían ser armonizadas para lograr la igualdad  ante el Fisco de todos los españoles, ya que pagan unos cupos ridículos que no cubren los los gastos de la nación de los que se benefician estas comunidades. Seguirá negando a la Comunidad y al Ayuntamiento de Madrid transferencias financieras para compensar las pérdidas sufridas por el transporte público durante la pandemia y abonar el pago de los servicios que han tenido que asumir sin ser de su competencia, y discriminará a Madrid en la distribución arbitraria de las subvenciones y de los créditos del Plan de la UE de Recuperación y Resistencia, que planea administrar por sí y ante sí, sin control alguno de las Cortes o de expertos técnicos neutrales.

Pese al alegato de que unas elecciones autonómicas no tienen incidencia a nivel nacional, resulta suficientemente claro que el pueblo madrileño ha mostrado por amplia mayoría su oposición al modelo del Gobierno Frankesntein, de Sánchez, que está respaldado por los enemigos de España. Es una gran noticia y motivo de esperanza que –como ha señalado “El Mundo” en su editorial de ayer- la contundente victoria de la candidata del PP constituye el respaldo a un modelo liberal defendido frente a la deriva populista inaugurada con la llegada de Sánchez a la Moncloa, aupado por la extrema izquierda de Ps y y un amplio espectro de fuerzas independentistas, sin más nexo común que el rechazo al centroderecha y a la Constitución de 1978. Supone un giro evidente en el escenario político nacional. Ayuso ha demostrado que hay una alternativa a la gestión y al discurso, a las formas y al fondo impuestos desde Moncloa, y que esa alternativa puede llevarse a cabo con éxito aún en medio de circunstancias tan graves como las de la pandemia del covid-19. La histórica victoria de Ayuso favorece  las opciones del PP de llegar al Gobierno de la Nación. La alternativa pasa por la combinación de una gestión exitosa con el coraje en la batalla de las ideas. Pasa también por no caer en la trampa de los que lamentan farisaicamente la crispación, mientras se entregan a la hipérbole guerracivilista y al cordón sanitario,”cuando el único extremismo que acaba de ser severa y democráticamente castigado en la región más abierta de España es el que encarna el sanchismo.Como ha señalado Casado, “hoy Madrid ha hecho una moción de censura democrática al sanchismo. Hoy Madrid es el kilómetro cero del cambio en España”. ¡Que así sea!




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