BOCA PRESTADA

A nadie que tenga ojos en la cara se le escapa que estamos sufriendo un acoso generalizado contra el automovilista urbano. A la peatonalización salvaje y a los estrechamientos de calles se les une la proliferación de carreras, maratón y media maratón con aceite derramado y jamón de señoras y señores en mallas apretadas al modo morcón. Pero el que esto escribe está empezando a atisbar el surgir de una nueva cruzada: la campaña contra el peatón. Arrancó el tema con el carril bici, al que pocas pegas hay que poner si no es por la mala educación de algunos de sus usuarios. A un perroflauta le da usted una bicicleta y se cree el mariscal Zhukov avanzando sobre el cerco alemán en Stalingrado a bordo de un tanque soviético. ¡Qué genio y qué malas pulgas como ose usted pisar la estela verdosa que marca la senda de las dos ruedas! Pues, por si fuera poco el ciclismo militante, ahora aparecen por doquier muchos chiflados en sus locos e inclasificables cacharros a los que servidor denomina como O.R.N.I.S., (Objetos Rodantes No Identificados). Si antes de esta nueva revolución industrial lo único que veíamos por la calle era algún que otro carrito de inválido, paralitico o tullido -individuo de movilidad reducida, que se dice ahora-, impulsado por baterías eléctricas, ahora podemos ser arrollados por cualquier inimaginable engendro eléctrico sobre ruedas.
Al clásico niñato montado en un patinete automatizado con ínfulas de Ángel Nieto de andar (es un decir) por casa se le añaden comandos de turistas subidos en un artilugio rodante que parecen que van sobre un urinario de caballero con ruedas. Y con unos cascos de alquiler, también, que me producen un asco indescriptible. ¡En seguida me iba yo a poner una chichonera de esas que tienen que tener más fauna que un programa de Félix Rodríguez de la Fuente! Imagino que todos estos ‘electromovilistas’, perdonen el vocablo, tienen menos papeles que una liebre y como el viandante se ande desprevenido se lo echan a la espalda en menos que se persigna un cura loco. Hago aquí un inciso para introducir una duda que me ha surgido estos días: ¿los cocheros de caballos en Sevilla tienen algún tipo de carnet que les cualifique o basta con saber decir ‘arre’ y ‘so’, para circular entre coches, camiones o peatones como si fueran diligencias del Far West huyendo del indio Gerónimo?
Otro artefacto de estos de ‘currito dale al botoncito y vámonos corriendo que el código de circulación me importa un pito’, es una rueda eléctrica donde el tipo en cuestión se sube en unos peldaños sobre el eje y circula sorteando criaturas a una velocidad endiablada como si fuera un personaje de la Guerra de las Galaxias. Si aún no ha pasado nada es porque Dios o Alá, (sírvase usted mismo), no ha querido, pero el asunto promete ser un jugoso negocio para los especialistas en traumatología y rehabilitación. Ándese usted, querido lector, por Sevilla con ojo, que vienen por detrás zumbando y sin avisar.

@eu_leon