Argelia: Los errores en política exterior resultan muy caros

El pasado domingo sonaron las alarmas en el enrarecido ambiente actualmente existente entre España y Argelia. Según reveló “OKDiario”, fuentes de la compañía de hidrocarburos argelina Sonatrach informaron que -debido a una avería producida en la parte española del gaseoducto Medgaz- se había producido una interrupción temporal del suministro del gas argelino a España y que equipos técnicos españoles estaban trabajando intensamente para realizar las reparaciones necesarias y restablecer el suministro tan pronto como fuera posible. El Ministerio de Transición Ecológica desmintió la noticia y declaró que tan sólo se había producido un fallo de corta duración en la planta de Beni Saif, que había producido una disminución en el suministro de gas, pero que –una vez reparado- se había restablecido el flujo habitual y normalizada la situación. ¿Se trata de un hecho casual? También Rusia alegó la producción de una avería en una turbina en el gasoducto Nord Stream-1 para suspender por algún tiempo el suministro de gas a Alemania. Se da la peculiar circunstancia de que –en estos momentos de crisis energética provocada por la invasión rusa de Ucrania-. España ha disminuido últimamente en un 41.1%  la importación de gas de Argelia –hasta ahora su principal suministrador- y aumentado en un 3.2% la procedente de Rusia, pese a las sanciones establecidas por la UE, hasta el punto de que en junio se importó más gas de Rusia que de Argelia.

Los errores en política interior, por graves que sean, son fácilmente subsanables si el Gobierno causante cuenta con una mayoría en el Parlamento, aunque sea tan  artificial y frágil como la del Gobierno “Frankenstein” de Pedro Sánchez. Pese a los continuos chirridos que a diario producen las distintas piezas del monstruo, todas ellas se articulan y ocupan su lugar al grito de “¡que viene la derecha!”. El cerebro de la criatura ha tenido la rarísima habilidad de enfrentarse por la misma razón con Marruecos, con Argelia y con el Frente Polisario, y ahora -con la inapreciable ayuda de su vicepresidenta de tercera división, Teresa Ribera- también lo ha hecho con la Comisión Europea, de cuyos Fondos y generosa ayuda depende España para intentar superar la terrible crisis económica, social y moral provocada por la actuación de Frankenstein. Lo peor es que –a diferencia de los errores en política doméstica, que son tolerados por una mayoría del pueblo español- los disparates cometidos en política exterior no son fáciles de subsanar y suelen salir muy caros.

Antecedentes de las crisis con Argelia

Cualquier persona con un mínimo de conocimiento sobre la situación actual en el Magreb –e incluimos entre ellos al Presidente del Gobierno y sus asesores áulicos- es consciente del difícil equilibrio existente en la lucha por el liderazgo entre Marruecos y Argelia, que ha llevado a la ruptura de las relaciones diplomáticas, al cierre de las fronteras, al constante incremento de los gastos de defensa de los dos países –los más elevados en África- y a la creciente tensión argelino-marroquí en la región.

Uno de los principales motivos de este enfrentamiento–aunque no sea el único- es el de la descolonización del antiguo Sáhara Español. Argelia es el principal apoyo político, militar, económico, técnico, logístico y humanitario del pueblo saharaui y de su representante legítimo, el Frente Polisario. Acoge en su territorio en la región de Tinduf a decenas de miles de refugiados saharauis, que han sido expulsados de su territorio por la invasión de Marruecos producida a partir de  1976, a los que ofrece refugio en precario. El Gobierno argelino respaldó plenamente a las milicias del FP en su guerra con Marruecos, con el que tuvo incluso conatos de enfrentamientos armados. Tras el Acuerdo de paz de 1991 entre Marruecos y el FP, ambas Partes se comprometieron a celebrar un referéndum de libre determinación bajo los auspicios de la ONU, para que el pueblo saharaui pudiera expresar su voluntad sobre su futuro. El Consejo de Seguridad creó la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO).

Desde entonces, Marruecos ha hecho cuanto ha estado en su mano para impedir la realización del referéndum y consolidado su ocupación militar de la mayor parte de su territorio, tras la construcción de un infamante muro que atraviesa el país de norte a sur, ante la inoperancia de la MINURSO y la falta de voluntad política de la ONU para hacer cumplir a Marruecos sus resoluciones. El Gobierno marroquí ha recurrido a toda clase de tretas para impedir la realización del referéndum y ha participado –junto con Argelia y Mauritania- en una serie de conversaciones informales en las que no se han realizado el menor progreso. Marruecos se quitó definitivamente la careta y afirmó que no podía aceptar ninguna solución que no supusiera la integración del Sáhara Occidental en el Reino de Marruecos como una provincia más, a cuyos efectos presentó en 2007 un indefinido e inarticulado plan de autonomía, que suponía una tibia oferta de regionalización.

Reconocimiento de Trump de la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental

Aunque contara con la simpatías de Estados Unidos, Francia, la mayoría de los países europeos y buena parte de los Estados árabes, africanos y musulmanes, Marruecos gozaba de una fuerte posición política al controlar el territorio sahariano, pero de una débil posición jurídica, ya que ni un solo Estado –incluidos su más cercanos aliados- se había atrevido a reconocer la legalidad de la ocupación militar del Sáhara Occidental.

Esta situación cambió de forma dramática a finales de 2020, cuando el presidente norteamericano, Donald Trump –ya con un pie en el estribo para abandonar la Casa Blanca- reconoció la legalidad de la ocupación marroquí de la totalidad del Sáhara Occidental. Asimismo afirmó que la propuesta de autonomía presentada por Marruecos era “la única base para una solución justa y duradera al conflicto”, por lo que instó a las Parte a que entraran sin tardanza a debatir la única fórmula viable y llegaran a una solución mutuamente aceptable. El mal ejemplo norteamericano fue seguido por otros 22 Estados –incluidos Bahrein, Emiratos Árabes Unidos y Jordania- y la posición jurídica de Marruecos recibió un inesperado respaldo de buena parte de la comunidad internacional, sin que se produjera reacción alguna por parte de la ONU, cada día más resignada a que se incumplieran definitivamente sus resoluciones y se abandonara la celebración de un referéndum de autodeterminación del pueblo saharaui. Incluso Alemania –que había tenido enfrentamientos con Marruecos por la cuestión del Sáhara- adoptó una actitud más comprensiva y expresó su disposición a debatir la propuesta marroquí de autonomía.

Sánchez pensó que España debería hacer lo propio, pero acercándose más a la postura de Estados Unidos que a  la de Alemania. Acostumbrado a hacer lo que le da la republicana gana, decidió,-sin consultarlo con su Gobierno ni con sus aliados, sin informar a la Oposición y sin contar con el respaldo de las Cortes- enviar el 14 de marzo de 2022 una carta en plan colega al rey Mohamed VI, para transmitirle “algunas ideas importantes para la nueva relación entre los Reinos de Marruecos y de España”. Le informó que España (¿?) consideraba que “la propuesta marroquí de autonomía presentad en 2007 era la base más seria, creíble y realista para la resolución de este diferendo”. Con la mayor desenvoltura daba al monarca alauita su garantía personal de que España actuaría con “absoluta transparencia”. Y, para probar su transparencia, oculto la misiva al Gobierno, a las Cortes, a la Oposición y a los ciudadanos españoles, que se enteraron parcialmente de su contenido por una filtración interesada de Mohamed VI a los medios de comunicación marroquíes. En un alarde de prepotencia similar a la del “Rey Sol” –“l´Etat cest moi”-, el presidente de un Gobierno con menos diputados en el período de la democracia española decidió  –por sí y ante sí- cambiar una política de Estado seguida por Gobiernos de distinta orientación política, apoyar  la postura de Marruecos contraria a las resoluciones de las Naciones Unidas, y romper el delicado equilibrio de neutralidad requerido en las relaciones con Marruecos y Argelia. 

Según ha comentado Leopoldo Abadía, Sánchez se lo jugó y todavía no ha explicado por qué. Mostrando una vez más su menosprecio por España, sus instituciones y su pueblo, no se ha dignado a dar la menor explicación de esta caprichosa e injustificada decisión, que tanta transcendencia está teniendo para la política exterior española. Ni siquiera ante las Cortes, que ha mostrado su desacuerdo  y donde Sánchez sólo ha contado con el apoyo de su partido. Una muestra bien clara de ello ha sido –aparte de la natural reacción del FP de romper cualquier tipo de relación con España- la vehemente reacción de Argelia. Sánchez se mostró sorprendido, aunque no creo que ni siquiera se hubiera planteado la posibilidad de que se produjera, acostumbrado como está a cometer los mayores dislates en el ámbito doméstico con absoluta impunidad. 

Reacción de Argelia

La reacción de Argelia ante la mutación de la posición de Sánchez sobre el Sáhara –y digo de Sánchez porque no se trata de una decisión adoptada por los cauces legales previstos, aunque el presidente esté convencido de que España es él- ha sido sumamente negativa, como era de temer, y ha ido “in crescendo” con el desarrollo de los acontecimientos. Su reacción fulminante fue retirar a su Embajador en Madrid, denunciar la violación por parte de España de las resoluciones de la ONU y del Derecho Internacional y anunciar que el cambio afectaría a las relaciones con España. Un portavoz del Ministerio de Industria y Minas anunció que Argelia mantendría los precios a todos sus clientes salvo a España, a la que se los subiría.

Sánchez podría haber reconsiderado su disparatada decisión y dado un prudente paso atrás, ya que –al fin y al cabo- Sánchez no había ido tan lejos como Trump y no reconoció la legalidad de la ocupación. Podría haber  reiterado su apoyo a las resoluciones de la ONU y manifestado que se debería negociar sobre la propuesta marroquí de autonomía como una de las posibles vías para solucionar el conflicto sahariano, pero lejos de ello –de humanos es rectificar, aunque Sánchez no parece serlo- reiteró el 8 de junio ante el Congreso su decisión personal de imprimir un giro radical a la posición tradicional de España sobre el Sáhara Occidental, y de alinearse plenamente con el plan anexionista  marroquí, y su intención de firmar con Marruecos un nuevo Tratado en el que se plasmaran las nuevas relaciones existentes entre los dos países. Los diputados de todos los partidos –salvo los del PSOE- rechazaron la decisión de Sánchez y el representante del PNV, Aitor Esteban, definió el giro copernicano del presidente del Gobierno como “fruto de un chantaje marroquí”

La reacción de Argelia no se hizo esperar. Su presidente, Abdelmajid Tebbourne anunció la suspensión inmediata del Tratado de 2002 de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación, porque el injustificable bandazo de España implicaba “una violación d sus obligaciones jurídicas, morales y políticas como  potencia administradora del Sáhara Occidental”. Alegaba que, con su  apoyo a la ilegal e ilegítima fórmula de autonomía propugnada por la potencia ocupante del territorio, el Gobierno español trataba de “promover un hecho colonial consumado mediante argumentos falaces. Acto seguido ordenó a la Banca  suspender las  operaciones relacionadas con el comercio con España y la Asociación de Bancos y Establecimientos Financieros anunció, en consecuencia, la congelación de las domiciliaciones bancarias en operaciones procedentes de España o a ella destinadas. Tebboune había advertido el 24 de abril que distinguía entre el Gobierno y el pueblo español, y que garantizaría el cumplimiento de los contratos de suministro de gas. Sin embargo, con la denuncia del Tratado de abrió la vía a una escalada, al incremento de los precios y a una posible disminución o corte del suministro. Por otra parte, ha aumentado de forma súbita, la presencia en las costas españolas de pateras con emigrantes procedentes de Argelia.

Para mejor comprender la vehemente reacción del Gobierno argelino resultan de interés las sensatas declaraciones hechas a Andros Lozano en “El Mundo” por el antiguo ministro de Industria y Minas, Ferhat  Ait Alí, según el cual, Argelia ha mantenido una relación estratégica y económica con España desde la época de Franco y no tenía con ella hasta ahora  ningún conflicto político, pero las relaciones entre los dos países pasaban actualmente por uno de sus peores momentos. España es la antigua potencia colonizadora del Sáhara Occidental y, hasta ahora, mantenía una posición acorde con la ONU y la legalidad internacional. “No entendemos el giro de Pedro Sánchez, que debe volver a la legalidad internacional. Quizás pensara que Argelia no iba a reaccionar, pero ha cometido un gran error de cálculo”. Para los argelinos el problema del Sáhara es una cuestión de principios. El pueblo saharaui tiene derecho a decidir su futuro y España tenía al respecto la misma posición que Argelia, pero Sánchez se ha alineado con la postura de Trump, si bien el Derecho Internacional no ha cambiado. ”Argelia no podía quedarse sin responder. La causa saharaui la llevamos en el corazón”. Argelia no tiene problemas con España, sino con Sánchez. Esperaba que éste recondujera su postura y, si no, “confiamos en que el PP vuelva a la antigua posición con respecto al Sáhara Occidental cuando gobierne”. .Finalmente señaló que no era una buena idea mezclar problemas pasajeros en las relaciones entre España y Argelia con la UE, pues si Bruselas se entrometía, haría más difícil solucionar la situación. “Para arreglar cualquier problema con la parte española  no necesitamos llamar a Bruselas”.

En opinión de  Guillermo del Valle, director de “El Jacobino”, Sánchez ha provocado el cambio de una política de Estado con referencia al Sáhara Occidental por la puerta de atrás, sin transparencia, deliberación, rendición de cuentas, ni atisbo de respeto al control parlamentario.El dislate ha soliviantado con razón a Argelia y ha puesto en tela de juicio los propios intereses económicos de España. Habida cuenta de que nuestra soberanía energética no pasa de ser una quimera, vedada cualquier reflexión sobre la energía nuclear, nuestra dependencia del gas argelino es central”.

 Reacciones de los Estados europeos a las decisiones de Argelia

El Gobierno español lamentó los pasos dados por el argelino y expresó su intención de mantener el compromiso con el Tratado y sus principios de no injerencia en los asuntos internos y de respeto al derecho inalienable de los pueblos a disponer de ellos mismos (¿?). La otrora prestigiada vicepresidenta primera, Nadia Calviño –que esta fallando en el ámbito de su supuesta especialidad económica-, cuando se mete en camisa de once varas –como la de la política internacional- ya desbarra, y ha culpado a Rusia de provocar la actitud inamistosa de Argelia. “He venido observando desde hace tiempo un alineamiento de Argelia con las posiciones de Rusia”.

Ante su incapacidad de reaccionar como han hecho otros países europeos, el Gobierno español ha pedido árnica a la UE para que le eche un capote frente al boicot comercial argelino. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares acudió a Bruselas. donde dijo que la Unión compartía su opinión que la medida unilateral tomada por Argelia contra España violaba el Acuerdo de Asociación de la UE con Argelia, y afectaba al mercado únicos y a las relaciones económicas y comerciales entre las dos Partes. En un comunicado conjunto publicado por el vicepresidente de la Comisión Europea, Valdis Dombroskis, y el Alto Representante, Josep Borrell, se expresaba la preocupación de la UE por este hecho y se indicaba que se estaba evaluando sus implicaciones sobre una posible violación de dicho Acuerdo, que podría conducir a un trato discriminatorio a un Estado miembro y afectaría negativamente el ejercicio de los derechos de la Unión. La UE ha sido, no obstante, cauta en su reacción y afirmado que Argelia era un importante socio comercial de la Unión y un actor clave para la estabilidad regional. Ha indicado que la política comercia era competencia exclusiva de la UE, que estaba dispuesta a hacer frente a cualquier tipo de medidas coercitivas aplicadas contra un Estado miembro. “Confiamos en que en que, en nombre de nuestra asociación sólida y duradera, se encuentre una solución rápida para restablecer plenamente las relaciones comerciales y de inversión. Estamos dispuestos a apoyar estos esfuerzos” .La Representación argelina ante la UE lamentó la precipitación de Bruselas en su reacción sin consultar ni verificar previamente con el Gobierno argelino, Señalo que la suspensión del Tratado no afectaba a los compromisos adquiridos y que Argelia seguiría suministrado gas a España de conformidad con los contratos en vigor.

No parece que los socios de España en la UE se hayan mostrado especialmente solícitos a la prédica de España –que se ha ganado a pulso  por sus propios méritos la réplica de Argelia-, antes al contrario. Katja Keul, la viceministra de Asuntos Exteriores de Alemania, acudió presurosa a Argel para firmar Acuerdos de cooperación científica y cultural con Argelia, y se pronunció por la necesidad de consolidar la Asociación de ésta con la UE. Señalo que Argelia era un país clave para la solución de los problemas regionales en el norte y el oeste de África, y ofreció al Gobierno argelino una cooperación más estrecha para la expansión de sus relaciones energéticas.

Emmanuel Macron tampoco desaprovechó la oportunidad y acudió a Argel para entrevistarse con su colega Tebboune, pese a ser el más firme apoyo a Marruecos dentro de la UE y mantener relaciones conflictivas con Argelia desde su independencia. Los dos líderes constataron un acercamiento de sus puntos de vista y expresaron su intención de elevar las relaciones franco-argelinas a un nivel de excelencia. La ministra de Asuntos Exteriores, Catherine Colonna, mostró su deseo de que se establecieran buenas relaciones entre los socios de la UE y los países de la ribera sur del Mediterráneo, y se limitó a expresar su confianza en que el diálogo permitiría afrontar los desafíos comunes entre España y Argelia.

En esta carrera europea hacia Argel “à la recherche du gas perdu” –a la que también se sumó Portugal, que consiguió un compromiso de Argelia de aumentar su exportación de gas- destacó por encima de todos Italia, que recibe de Rusia el 45% de sus importaciones de gas. Ya en abril, Mario Draghi se trasladó a Argel para consolidar la cooperación energética y triplicar las importaciones de gas. Con gran habilidad diplomática, ha conseguido mantener buenas relaciones con Marruecos y Argelia, cosa de la que España ha sido incapaz. Draghi hizo una declaración magistral para poder cruzar la aduana política argelina: ”Percibimos una total convergencia de puntos de vista sobre los principales temas y la situación en Libia, Malí y el Sahel, y acordamos apoyar los esfuerzos del enviado de la ONU en el Sáhara Occidental y a la MINURSO para la solución del conflicto”. El día ante de su inminente cese, Draghi dio a Sánchez una lección de hombre de Estado al acudir de nuevo a Argel, acompañado de seis ministros, para fortalecer las relaciones y garantizarse el suministro y la distribución en Europa del gas argelino, a cambio de ofrecer una cooperación más amplia, desplazando de paso a España que era el centro natural –“hub”- para esta operación. Claro que Draghi es un “hombre de Estado” y Sánchez no es ni siquiera un “hombre de Gobierno”, dado que sólo es “hombre de sí mismo”.

Como ha observado Joaquín Manso, “el presidente concentró personalmente el volantazo histórico para permitir a Marruecos atribuirse la soberanía del Sáhara, con el consiguiente endurecimiento de su rival antagónico. España pierde el tren del hub gasístico en favor de Italia, queda al albur del incremento de los precios e incluso de de los recortes de suministro que pueda imponer Argelia, y su posición es tan frágil que ninguna garantía obtiene de que Marruecos vaya a ceder en sus pretensiones sobre Ceuta y Melilla”.

Enfrentamiento con la UE

En unos momentos en que España depende de la Comisión Europea para que le ayude en su conflicto comercial con Argelia y –sobre todo- le conceda generosamente los fondos necesarios para superar la grave crisis que está atravesando, Sánchez y su vicepresidenta Ribera han realizado “el rizo del rizo” y conseguido enfrentarse con la Comisión. Los países considerados como frugales –especialmente Alemania- desoyeron las advertencias de que se separaran del yugo del suministro energético de Rusia y no sólo no diversificaron las fuentes energéticas, sino que aumentaron su dependencia. Ahora se encuentran en una delicada situación al verse sometidos al chantaje ruso. Según una fuente europea, Berlín impuso como prioridad la “transición verde”, para que todos los Estados europeos tuvieran que hacer sus ajustes cuando a Alemania le convenía bien, y ahora quieren que todos ellos reduzcan al mismo tiempo el consumo de gas  para que el impacto sea proporcionalmente menos brusco.

Actuando más como ex–ministra alemana que como presidenta de la Comisión, Ursula von der Layen ha propuesto que todos los Estados reduzcan en un 15% el consumo de gas de agosto a mayo, para aumentar las reservas con caras al invierno. La propuesta ha sido mal acogida por los países del sur como España, Portugal, Grecia, Chipre o Malta, así como por Polonia y Hungría, pero sólo la vicepresidenta Ribera –fundamentalista ecológica y antinuclear- ha mostrado su rechazo de forma estridente y descalificadora. “A diferencia de otros países, los españoles no hemos vivido  por encima de nuestras posibilidades desde el punto de vista energético. Somos solidarios, insisto en ello, pero no se nos puede pedir un sacrificio desproporcionado”. España ha hecho sus deberes en este ámbito pagando más que muchos de nuestros socios. El haber adelantado la tarea permite ser solidario, pero el Gobierno español quiere que se produzca un debate serio y honesto, en vez de imponer soluciones que no le parecen acertadas ni eficaces. ”No nos pueden exigir un sacrificio sobre el que ni siquiera nos han pedido opinión”.

La dura actitud española ha caído mal en la Comisión, desde donde se alega que el tema viene planteándose desde hace años y se ha debatido hasta la saciedad. El  canciller alemán, Olaf Scholz, ha pedido solidaridad a los socios comunitarios, y el vicecanciller, Robert Habeck, ha afirmado que había que ahorrar energía en Europa y ello significaba que también los países que no se vieran directamente afectados por la reducción del suministro de gas procedente de Rusia debían ayudar a los países afectados.

Por carecer de conocimientos técnicos sobre el tema no puedo dar una autorizada opinión sobre la propuesta comunitaria, aunque me viene a la mente el refrán español de “mal de muchos consuelo de tontos”. La Alianza por la Competitividad de la Industria Española ha solicitado al Gobierno que se oponga frontalmente a dicha propuesta, porque no tiene sentido imponer reducciones de consumo de gas en todos los países por igual, independientemente de su situación particular y de que el gas no consumido pueda o no ser exportado a y consumido por otros países de la Unión”. Realizar paradas industriales forzosas “agravará la escasez de productos esenciales en toda Europa y aumentará  el impacto económico de la crisis, poniendo en riesgo el funcionamiento de toda la cadena de valor de la economía europea”. No era coherente que precisamente España –que había realizado una gran inversión para diversificar la procedencia del suministro de gas- se viera penalizada con un corte de producción impuesto por la Comisión.

Puede que Ribera lleve buena parte de razón en su oposición a la propuesta comunitaria, pero no es de recibo la forma extemporánea con la que la ha manifestado, tirando piedras sobre su propio tejado de vidrio. Dada la dependencia de España de la UE, resulta suicida antagonizarla. Como ha señalado “El Mundo” en un editorial, Sánchez trata de compensar  la falta de cohesión interna de su Gobierno y su precariedad parlamentaria con un cesarismo irresponsable que se traduce en un deterioro de la imagen de España, que proyecta la impresión de haber cedido al chantaje marroquí sin ganancia visible, al tiempo que recibe el castigo de Argelia, uno de sus principales suministradores de gas. “El coste del cesarismo irresponsable de Sánchez lo vamos a pagar todos los españoles”, y nos va a salir bastante caro.




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