Aquarius

Mi conocimiento del tema al que me refiero ciertamente no es muy común, y no porque haya estudiado profusamente lo que sesudos analistas nos comentan cada día, sino porque conozco el asunto desde dentro, desde la tierra que ha visto nacer a tanto inmigrante que se lanza al mar en busca del Dorado.

Referente al conocido barco, lo que cada día escucho por boca de los que saben (¿) de esto, lo que la gente de a pie opina, lo que las fuerzas políticas instrumentan a su antojo y la realidad que he vivido en los países de origen de estas personas, créanme, es algo difícilmente casable. Lo mismo ocurre cuando desde la perspectiva de aquí, hablo de Europa, se intentan adecuar comportamientos allí, y hablo de África. No entendemos cómo cooperantes (qué palabra más bonita, ¿verdad?) son agredidos en no sé qué paraje recóndito de cualquier país africano. ¡Si van en misión de paz!, exclamamos indignados;  y ahí viene el primer aspecto que no se quiere considerar. Al lugareño del estado en cuestión le trae al pairo el cooperante, la misión de paz, la ONG o si es ruso, chino o peruano. Solo ve un blanco con un billete de 500€ en la frente. Siempre percibo cómo se quiere explicar todo desde los parámetros de nuestra cultura y forma de ver las cosas, sin reparar en que esos argumentos que manejamos hasta la saciedad no tienen absolutamente nada que ver con los de la gente de allí. “Eres blanco y, como eres rico, me tienes que dar de comer”… ¡Anda que no he escuchado yo veces esta frase!, y ya no sirve de nada intentar averiguar cómo han llegado a esa conclusión. Está en su ADN, en lo que colonizadores han irrigado en sus venas durante siglos, en lo que estúpidos políticos que solo buscan foto y carnet de bueno siguen fomentando. Hace años coincidí en Gambia con una ministra española que había ido a “relanzar y afianzar los programas de cooperación entre España y los países del West África”. La cooperación consistía en unos cuantos motores para bombear agua de pozo. “Así pueden regar sus cultivos”, me espetó. Mi respuesta no le gustó mucho, cuando le aseguré que esos motores en 15 días estarían averiados y, ¡qué mala suerte!, el concesionario más cercano donde encontrar repuestos está a más de mil kilómetros… pero claro, usted ya se ha hecho la foto.

La mayoría de los inmigrantes que llegan cada día a nuestras costas no vienen porque vayan a morir al día siguiente en sus países de origen, que alguno habrá. Vienen porque “saben” que en cuanto pisen territorio europeo van a acceder al lujo y la abundancia. “Voy a tener casa, coche, mil euros al mes, sanidad gratis y en dos años me traigo a mi familia”, te aseguran cuando les intentas explicar lo difícil que es. El problema es que a lo mejor no están tan equivocados.

A título informativo, de los 188 países que la ONU tiene reconocidos, Gambia ocupa el 173 en el ranking. Viví casi año y medio allí, así que sé de lo que hablo.


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