Antonio el Bailarín y la bacteria asesina (y III)

Antonio el Bailarín y la bacteria asesina (I)

Antonio el Bailarín y la bacteria asesina (II)

En las dos entregas anteriores he relatado lo de sastra del Lope – ¿Hay sastras en el Lope? – que se pinchó y Antonio y sus trajes la infectaron. Oportuna la infección para que cuatro alcaldes lleven veintiún años escurriendo el bulto para negarle al bailarín, el agua y sal. De la Junta que solo compró una chaquetilla y que tiene el resto de la compra guardado en cajas en Jerez de la Frontera, digitalizado, sin acceso a Internet y con el anillo que Picasso le regalo a Antonio, en Sevilla, dicen que en el Museo de Arte Contemporáneo. Las cosas de la Calvo eran así, los papeles para Jerez, el anillo para Sevilla y Antonio Ruiz Soler, la figura más internacional de la danza que ha tenido España, ninguneado por la administración pública más cateta del mundo. Catetos globales.

Antonio Ruiz Soler, quiso que todo su legado se quedara en Madrid, en un Museo que llevara su nombre. Con esa intención se puso en contacto en varias ocasiones con la administración pública, sin obtener ninguna respuesta satisfactoria. Desconozco si hizo lo mismo con el ayuntamiento sevillano, pero es más que posible que sí lo hiciera y teniéndolo en cuenta su sobrina Ana, cedería por ello los trajes de escena de Antonio que se pudren en un almacén municipal. La memoria de Antonio la quieren en el pudridero, desde que en 1983, el por entonces Director General de Música y Teatro, José Manuel Garrido, despidió a Antonio del Ballet Nacional de España, con la justificación de que Antonio no obedecía a la figurilla que le habían impuesto para sacarle de sus casillas.

El PSOE, tras ganar las elecciones de 1982, empezó a maltratar a Antonio y para disimular, hicieron correr el bulo de que a Antonio lo había despedido Jesús Aguirre que, fíjense, había sido cesado de su cargo de Director General de Música en 1980. Antonio se defendió contra aquel despido improcedente y presentó recurso ante la Audiencia y al rechazarle este recurso, presentó ante el Supremo y lo ganó. Entre despido y recursos transcurrieron seis años y la administración socialista ya había conseguido condenar al bailarín al ostracismo. Al PSOE no le gustaba Antonio porque para ellos el artista era una figura franquista. Otra cosa muy curiosa es que el Estado en la subasta de 2000 compró la carta de despido del Ballet Nacional y la Cruz de Isabel la Católica que Franco le concedió en 1950; no se sabe si compraron esto para destruirlo o para ponerlo en una vitrina. Hay que recordar que en 2000 el Estado estaba gobernado por José Mª Aznar, con lo que queda claro que en España, la torpeza y la mala intención en política cultural está servida, de izquierda a derecha. Antonio además de recurrir su despido, le escribió una carta, el 14 de mayo de 1983, a Felipe González. Felipe le contestó que tomaba nota. La contestación de Felipe se subastó en Duran y está en el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid. Desconozco dónde ha ido a parar aquella carta de Antonio.

En España, después de 1975, lo de la cultura no va por la excelencia, va por el sello político que te encasqueten, y a Antonio Ruiz Soler le encasquetaron el de franquista y aun hoy, cuando están a punto de cumplirse los veintiséis años de su muerte podemos encontrar numerosas publicaciones donde se le tacha de admirador de Franco pero para nada se habla de, por ejemplo las veinticuatro películas y cortometrajes en los que intervino de 1941 a 1974, ni las innumerables coreografías propias que montó, quince de ellas llevadas a su corta etapa como director del Ballet Nacional de España, ni las más de veinte distinciones y condecoraciones nacionales e internacionales, como el 1º Premio de la Academia de Danza de París, medalla de Oro de la UNO, Real Academia Inglesa de la Danza, medalla de Oro de la Scala de Milán, Medalla de Oro de la Academia de la Danza de Moscú, Premio Nacional al mejor ballet ( España), Medalla de la Feria Internacional de Nueva York, 1º Premio de la Academia de la danza de Suecia, etc, etc. Tampoco se puede olvidar la labor de Antonio como maestro de bailarines en sus compañías y en su estudio madrileño de la calle Coslada, 7, hoy propiedad la bailarina Carmen Roche.

Hablar de la figura de Antonio y de su importancia en el mundo de la danza en el poco espacio de un artículo, o de tres, es tarea imposible, así que para terminar voy a volver al Ayuntamiento de Sevilla y sus bacterias destructoras y a la Junta de Andalucía y sus estupideces del 2000 y de ahora. A las dos instituciones les voy a lanzar la idea de que se instale en el sevillano Mercado de la Puerta de la Carne el “Museo de Antonio Ruiz Soler” en el que debería de haber un teatro para unos cincuenta o sesenta espectadores y un archivo para todos los fondos que del bailarín adquirió la Junta en la subasta de Duran y, como no, los trajes que su sobrina Ana Ruiz Vola donó a Sevilla y que el Ayuntamiento sigue dejando que se pudran en un asquerosísimo almacén municipal.

Esta idea que le lanzo a José Luis Sanz, candidato del PP para las próximas elecciones municipales de mayo de 2023 no es nada descabellada, por el contrario es muy factible. El Mercado de la Puerta de la Carne, es un inmueble B.I.C abandonado desde hace casi medio siglo – la bacteria de la decidida es una constante hispalense – y que tiene de sobra lo que se requiere para ese proyecto de Museo Antonio Ruiz Soler. El Mercado de la Puerta de la Carne está en un lugar privilegiado, cercano al Barrio de Sta Cruz, muy próximo al casco antiguo de la ciudad, con un solar de 1.982 metros cuadrados y con 2.647 metros cuadros construidos, mas los posibles sótanos para garajes u otras instalaciones, como por ejemplo archivos. La idea, ya digo también hay que lanzársela a la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía para que apoye el asunto y se traiga de vuelta a Sevilla todo el Fondo Antonio Ruiz Soler que se ha llevado a Jerez de la Frontera y todo lo que anda desperdigado por Madrid.

La idea no me negaran que es muy buena, aunque le pondrán un sinfín de peros, entre otras cosas porque la Junta mira con arrobo para Málaga – si hay algo peor que un sevillilla es un malaguita – y el candidato del PP a las municipales, al tomar nota de cómo están los trajes de escena de Antonio, ha dicho que si llega a ser alcalde hará un Centro de Interpretación del Flamenco y esconderá en él a Antonio. Les ha dado por los Centros de Interpretación del Flamenco, que le vamos a hacer, ellos son así, no se dan cuenta de que hay más cosas más allá del flamenco y de que el flamenco no necesita esos Centros para nada, pero Antonio Ruiz Soler, que era sevillano, pero no exactamente flamenco, si necesita su museo; bueno lo necesita su memoria de mejor bailarín de danza española y danza estilizada que ha tenido España.

De momento dejo aquí el asunto Antonio Ruiz Soler, aunque debo recordar que al artista le hubiera gustado crear una fundación con su nombre y eso lo puede hacer el Ayuntamiento de Sevilla y la Junta de Andalucía con la autorización de sus herederos.

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