Sucedió. Vaya que si sucedió. Tras 36 años de régimen socialista, los andaluces dieron el golpe en la urna en una jornada histórica. Sí, sí, histórica para la tierra del sur de Europa. Todo pasa y todo llega, y a la señora Díaz, puede que le toque hacer las maletas en San Telmo y repensar que hará con su carrera política, porque ya, ni en Triana la quieren. El cinismo se lo llevó a la tumba, ante su falta de rigor a la interpretación de los resultados; una lectura vaga y pobre de argumentos, era de esperar.

El circo socialista echa la rampa en San Telmo, y por primera vez la cruzarán para no volver, al menos en un tiempo si la coherencia impera en los vencedores de ayer. Y aunque a algunos les guste más o menos, el devenir político en Andalucía ha cambiado. Se acabó el voto tradicional socialista, el conservadurismo con el que hemos aguantado tres décadas, nada más y nada menos. Se acabaron las atrocidades políticas con el pueblo andaluz que ha perpetrado el PSOE, y el que no lo vea, que se repase unos cuantos datos demoledores que nos sitúan como farolillo rojo de Europa.


Ayer se levantaron los andaluces, vaya que si se levantaron. El hartazgo ha sido mayúsculo, goleada al socialismo inoperante de Díaz. La gente estaba bañada en hartazgo de la corrupción socialista, de que se gasten el dinero de los parados en clubes de alterne y copas, harta de que se fomente el conformismo del PER entre la gente joven, harta de los cargos a dedo, del enchufismo, de las tasas de paro insoportables de ver. Ni los 260.000 cargos de la junta, ni los chantajes, ni el populismo de izquierdas, han podido frenar el tren de la oportunidad en el que muchos andaluces se han subido.

Como me refería antes, sucedió, y menos mal que sucedió. Ya era hora de un cambio que pedía a gritos salir algún día. Ahora sale a relucir el doble rasero cínico de los perdedores de estas elecciones. Si votas a mi favor: el pueblo se ha pronunciado, hay que respetarlo. Si votas en contra: las hordas del fascismo crecen, hay que combatirlas. Lo de siempre, la no aceptación de la derrota, el temblor por perder el sillón y la falta de humildad.

¿Miedo? Miedo daba Andalucía si todo hubiese quedado, si nada hubiese cambiado. No sé cómo se engranará este mapa político y sus diferentes actores, lo que está claro es que los andaluces han plantado cara al conformismo, y quieren echarlo de sus vidas.