Amar (y odiar) en tiempos revueltos

En el mundo meme y memo de la progresía pretenden implementar los delitos de amor y de odio. En la nueva normalidad ya no importa sólo lo que hagas o lo que digas, sino lo que sientas. El marxismo ha desembocado en el catecismo emocional del Padre Ripalda, donde hay delitos (no sólo pecados) de pensamiento, palabra, obra u omisión.

De la preparatoria de mi Primera Comunión recuerdo que debíamos renunciar “a Satanás, a sus pompas y a sus obras” (sic)… y cada vez que pronunciaba aquello yo me imaginaba a un ridículo diablo divirtiéndose con una cañita en los labios que fabricaba pompas de jabón. Para cuando descubrí que no era eso, era ya demasiado tarde, así que los demonios de esta gente me dan risa.

En el sanchicomunismo, el pensamiento y la omisión son delitos, no pecados, de leso comunismo orwelliano, porque no puedes sentir aversión, rechazo u odio hacia las santas emociones o hacia el santoral laico de los zurdos, pero tampoco puedes sentir admiración ni benevolencia alguna hacia lo contrario que dicten sus evangelios.

El catálogo se me antoja infinito, porque puedes y debes expresar tu odio hacia el varón, por serlo, pero no hacia George Floyd, que entró en la cárcel por apuntar con un arma de fuego en la barriga a una embarazada en su propia casa: odia al macho (si es blanco) y exalta la homosexualidad, de cualquier color.

No puedes sentir aversión o rechazo hacia el supremacismo afroamericano, pero sí puedes y debes estigmatizar a los judíos, sin fisuras ni excepciones, por lo que representan en su imaginario. Si odias el comunismo cometes un delito, pero si alabas determinadas gestas u objetivos de los conservadores, también, porque eres un facha. Y si eres un facha, mereces la condena.

Pretenden prohibir que sientas aversión hacia la pobreza de quienes se la buscan y no hacen nada por solucionarla, pero puedes escupir sobre los ricos y sobre la prosperidad ajena.

Puedes ensalzar a criminales como Stalin, pero nunca enaltecer el menor logro a contrapelo de la España del franquismo, lo mismo que puedes agredir hasta la muerte a alguien por llevar tirantes con la bandera nacional pero no mencionar la ridícula impostura de envolver el féretro de Anguita en una bandera soviética.

Puedes derribar estatuas de Colón, de Churchill o del marqués de Sligo, pero no mostrar rechazo hacia los oteguis de la paz impuesta con bombas, chantajes y pistolas.

Puedes manifestarte sin distancia sanitaria cuando se trate de reivindicar a un criminal cuya familia ahora se ha hecho millonaria, pero no cuando protestes contra un gobierno negligente que ha causado 50.000 muertes y nos ha empobrecido a todos. En Venezuela, ese paraíso, el 72% de la población ya no tiene acceso regular al agua potable y el 91% al sistema normal de electricidad, pero ni lo nombres.

Se sienten agredidos si rechazas de plano ese feminismo absurdo que te esquilma, te roba y te encarcela, pero no puedes disfrutar ni reivindicar las corridas de toros.

Tengo claro que cuando una religión desaparece, el hueco viene a ocuparlo cualquier otra… cosa. Más aún sucede si la desaparición es forzada y por Real Decreto, porque ocurre entonces que te traen la suya propia y te la imponen.

El socialcomunismo es ejemplar y tiene un pasado de cien años que la acredita como una de las más perniciosas religiones que vivió el planeta, equiparable sólo con algunas de las más primitivas y crueles de la Historia. En el ara del comunismo han ardido más almas que en casi todos los demás altares reunidos a lo largo de varios siglos.

El sanchicomunismo es apenas una secta, una mascarada, que bebe de las mismas fuentes y sólo puede conducir al mismo sitio, porque exige parecido fanatismo y muestras de devoción, exhibe sus dogmas implacables y sus anatemas insufribles, practica idéntico agresivo proselitismo, reverbera en sus santorales y excomulga como un poseso patológico a todo aquél del que sospecha una fe descreída.

O estás conmigo o contra mí es un sintagma, una frase, un enunciado…, pero en la izquierda es una oración, una prez, un rezo o una estrella, según se mire.

En el comunismo, lo escatológico, lo que tiene que ver con el más allá o con la ultratumba, se reduce apenas a una idea genérica sobre el interés general en cuyo nombre se sacrifican las vidas y las haciendas de todos los que no se encuentren en la jerarquía que lo proclama…, hasta que se acabe el dinero de los demás.

Pero la secta no te promete nada a cambio, ni una salvación, ni una esperanza, ni una reconciliación, ni una paz en otra vida; sólo te concede, eso sí, la posibilidad de permanecer arrinconado, sometido y silencioso, si no quieres ser expulsado al infierno, que, como sabe cualquiera, es un lugar super facha.

En esta religión de la progrez puedes practicar cierto sincretismo entontecido que te deja arrodillarte ante un dolmen de los anti vacunas o ante un delincuente, ante una afrodita en tetas y con sobaquera sin depilar o ante un transformer vegano y anti especista. Da lo mismo, porque amarás lo que yo te diga y a Sánchez y al marqués del FRAP sobre todas las cosas. Y en eso se resume todo.

Han decidido tratar a los menores como a adultos y les quieren conceder el voto y un salario, pero a los adultos pretende tratarnos como a eternos preadolescentes.

PS: Y C’s…, pastando. Y pactando.

He dicho.




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