Almas que se sacrifican

Los intentos artificiales de dividir a la sociedad, de crear rencores y victimismos (¡como si al ser humano hubiera que ayudarle a eso! Pues sí, encima se le incita a ello desde arriba) era algo que ya nos preocupaba mucho, sin necesidad de crisis sanitarias. Con inmenso dolor vemos que, al contrario de lo que una visión idealista haría suponer (que las épocas de vacas flacas nos hagan olvidarnos de minucias y valorar más “lo que de verdad importa”, lo que quiera que eso signifique…), la realidad actual es triste principalmente, no porque tengamos que renunciar a muchos placeres y aprender a vivir en escasez –eso puede resultar hasta sano, hasta ahí creo que la mayoría estamos de acuerdo- sino porque no desaparecen las mezquindades, las susceptibilidades, y porque, esto es lo peor, desde arriba se insiste en esa división de la sociedad.

Ya éramos buenos y malos, hombres y mujeres, unos contra otros; activistas LGTBI, y resto de la población (automáticamente calificada de homofóbica); dulces amigos de los inmigrantes o crueles racistas xenófobos (así se liquidaban las diferencias de opinión sobre cualquier asunto). Blanco y negro, azul y rojo, venga, venga, fomentemos más rencor… Pues ahora, en medio de la situación de enfermedad, crisis familiares, ruina y depresión, ¡oh!, otra división inducida.

En televisiones, redes sociales… y hasta en la puerta de las cerradas iglesias, un mismo mensaje simplificador y divisor. Los españoles nos dividimos entre: sanitarios, farmacéuticos y policías (héroes que arriesgan su vida por nosotros) y resto de la sociedad que está tranquila y segura en casa disfrutando de su familia.

(Ahora, claro, quien haya leído hasta aquí catalogará estas palabras como “enemigas” de sanitarios y policías, y ya tenemos de nuevo ahondada la división. No se puede matizar, explicar. El simplismo de los mensajitos reenviados se alía con el totalitarismo del siglo XXI para que no se medite, se razone, se matice, sino que sólo se obedezca a consignas de sí y no).

Si no fuera porque ya muchos sanitarios, muchos, han expresado su incomodidad ante ese cliché de “héroes”, han pedido incluso en muchos casos que no se les aplauda, específicamente han dicho algunos que “ni son héroes ni quieres serlo, sino profesionales que sólo desean trabajar en buenas condiciones”; si no fuera por esas voces que se han alzado, tal vez ni me atrevería a expresar esas ideas y las mantendría calladas. Era demasiado terrorífico el situarse tan en contra de Estado y masas, todos a una. Pero afortunadamente, la primera palabra crítica ante el “Aplaudamos a nuestros héroes, nosotros que estamos tan cómodos en casa” ha partido de ellos mismos…

Recientemente nos lamentábamos de la demonización de ciertas partes de la sociedad (algunas tan extensas como “los hombres” o “las mujeres”). Pues también es mala la exaltación uniforme de todo un sector. Las personas son más o menos generosas, las hay más bondadosas, más egoístas, más compasivas… Es cosas de PERSONAS sueltas el alcanzar grados más sublimes de sacrificio y de heroísmo. Podremos alcanzar la igualdad-igualdad-igualdad de salario-salario-salario, pero nunca la de caracteres, la de temperamentos. Siempre habrá una persona más paciente, otra más irritable, otra más generosa… Ningún sector de la sociedad (considerado por edades, o por profesiones, o por provincias) puede automáticamente calificarse, así sin más, de “heroico y sacrificado”. Eso no va por sectores.

Salvo que hablemos de grupos muy, muy específicos, como por ejemplo el de las Hermanitas de la Cruz. Pensemos en una cosa: pocos padres se alegran, ni aun los cristianos, si una hija suya les dice que quiere seguir los pasos de Santa Angela de la Cruz. Aun siendo creyentes, la mayoría de los padres, instintivamente, desean para los hijos algo de comodidad material; incluso los padres sacrificados no suelen desear que sus hijos se sacrifiquen. Los progenitores, aun los devotos, siempre han sido los grandes enemigos de las vocaciones religiosas; no pueden evitar el desear para sus hijos el que vivan en seguridad, comodidad y abundancia. El verdadero heroísmo y entrega a una vida sacrificada goza de escaso prestigio y nulo glamour.

Por el contrario, todos los padres suelen ven con agrado que su hija estudie Medicina, y cuando ésta empieza a trabajar como médica de la Seguridad Social, lo celebran y festejan con más alegría de la que tendrían al celebrar su boda (el matrimonio siendo hoy una realidad más efímera que el pertenecer a una plantilla laboral).  Ser médico es una profesión que promete prestigio y holgura, y está muy bien que sea así, y así se consigue que funcione una Sanidad del siglo XXI.

Ojalá no se piense que estas palabras ahondan divisiones, la intención es la contraria. La bondad, el agradecimiento, la capacidad de abnegación y sacrificio, el entusiasmo que nos lleva a prorrumpir en aplausos… todo eso son cosas muy personales, son prerrogativas del ALMA. No banalicemos, repitiendo consignas, realidades humanas tan sublimes.


 

1 Comment

  1. Antoine dice:

    Por acá también en Francia, asistimos a la misma división de la sociedad, creada artificialmente entre los periodistas de la radio que machacan, durante todo el santo día, que hay ” héroes” que se sacrifican por ” el resto de la sociedad” que, dicen, se la pasa tranquilamente en su casa… cuando en realidad los llamados héroes ¡ no más cumplen con su deber !

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