Hace unos días leíamos en un periódico el siguiente alarmante titular: «Nuevo ataque homófobo en Madrid: “Orgullosos de no ser como vosotros”». Pero al pasar al contenido de la noticia, resultaba que el «nuevo ataque… en pleno centro de Madrid» consistía en la aparición de unas pegatinas en señales de tráfico, con la bandera del arco iris tachada y el texto: «Orgullosos de no ser como vosotros», y «el símbolo de una familia tradicional, es decir, padre, madre, un hijo y una hija». 

Calificar esto como un «ataque homófobo» es, cuando menos, una exageración. Con titulares así, se fomenta el victimismo del colectivo LGTB que, por mucho que algunos se empeñen, no es una actitud integradora ni normalizadora; y además se frivoliza con los auténticos ataques.


Pero en cualquier caso: si el movimiento LGTB no pierde ocasión de manifestar continuamente el orgullo de su sexualidad, ¿por qué hay que culpabilizar a quienes manifiesten el orgullo de tener una sexualidad diferente a la de ellos? ¿Acaso los ILGTB no se sienten orgullosos de no ser como los heterosexuales? Quizá lo más incorrecto en la pegatina sería haber tachado el símbolo del arco iris, pero considerar eso un ataque homófobo es una exageración.