Algunas ideas sobre el fundamentalismo islamista

Empiezo por confesar que no soy un experto en islam y fundamentalismo, pero siempre me he interesado por la historia comparada de las religiones, pues sin ella no se entiende nuestro mundo. Lo que sigue a continuación debe leerse como una simple reflexión nada erudita y que, probablemente, necesita de muchos matices. En resumen, que esto no es una tesis, ni un artículo científico.

La desastrosa retirada de Afganistán vuelve a poner sobre la mesa, la polivalente palabra de “fundamentalismo” con sus diversas derivadas: integrismo, yihadismo, salafismo o islamismo (que no ‘islámico’)

Creo que hay que empezar por señalar que el fundamentalismo islamista – en estos días se habla sólo de los talibanes – es un sistema totalitario de gobierno político-religioso (teocracia) sustentado en la literalidad del Corán aplicado coercitivamente y, por lo tanto, absolutamente contrario a cualquier idea de libertad, democracia y derechos humanos.

El Corán, como cualquier otro libro sagrado, puede ser interpretado de manera literal y rigorista (fundamentalismo) o adaptado a los tiempos que corren, suavizando sus aristas más anacrónicas. El cristianismo y judaísmo han sabido evolucionar. El islam, de momento, sigue anclado en una cosmovisión que se congeló en el siglo XI de nuestra era. Hasta entonces el islam fue acomodándose a los tiempos, mediante adaptaciones que exigía la realidad del momento, pero desde el s. XI tal evolución ya no fue posible. Hablo, obviamente, en términos generales ya que el islam no es un bloque monolítico, ni existe una sola escuela o interpretación (véase la confrontación histórica entre chiies y suníes, o la vertiente mas filosófica del sufismo). No es igual el islam que se interpreta y aplica en Túnez, Marruecos, Turquía o Indonesia (autocracias o sultanatos más o menos clásicos) que el aplicado en Siria o Gaza (dictaduras) o finalmente en Arabia Saudita, Yemen o Irán (teocracias). Hago un paréntesis para aclarar algo que mucha gente desconoce: aunque la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 fue firmada inicialmente por numerosos países musulmanes, en 1990 sintieron la necesidad de redactar una “Declaración de Derechos Humanos del Islam” las acorde con su cosmovisión. El documento – que no deja dudas en cuanto a su carácter religioso – empieza así:

“La 19ª Conferencia Islámica de Ministros de Asuntos Exteriores (sesión de Paz, Desarrollo y Solidaridad) celebrada en el Cairo, República Árabe de Egipto, del 9 al 14 de muharram de 1411 (31 de julio – 5 agosto 1990), consciente de la dignidad del ser humano en el Islam, en tanto que representante de Allah en la tierra; reconociendo la importancia de promulgar un documento sobre Derechos Humanos en el Islam, que sirva de guía a los Estados miembros en los diferentes aspectos de la vida; tras haber examinado las diferentes etapas del proyecto de dicho documento, así como el informe de la Secretaría General al respecto; y tras estudiar el informe de la Comisión de expertos legales celebrada en Teherán del 26 al 28 de diciembre de 1989, acuerda promulgar la Declaración de El Cairo de los Derechos Humanos en el Islam, la cual proveerá las pertinentes orientaciones generales para los Estados miembros en el ámbito de los derechos humanos”.

Si se estudia detenidamente el documento se comprobara que, en general, es muy similar a la Declaración de Derechos Humanos de 1948 si bien a cada reconocimiento de derechos y libertades se le añade casi siempre (art. 2, 7, 8, etc) la apostilla de ‘salvo lo que disponga la Sharia’. Ese pequeño añadido es clave pues puede dejar en papel mojado todos los derechos que nominalmente reconocen. Hagan la prueba con cualquier cuerpo legal occidental conocido y añadan ‘Salvo lo que disponga el Antiguo Testamento’ y dejen luego su interpretación a un clérigo de los mas rancios que conozcan.

Pero dejando aparte esa peculiar interpretación de los derechos humanos del islam, lo que sí resulta evidente es que de todas sus conflictivas modalidades (no existe un solo país de la órbita musulmana que sea actualmente una ‘democracia plena’), la peor y mas criminal es la que conocemos como ‘fundamentalismo’ o ‘islamismo’. Esta interpretación que, al parecer, es la asumida por aproximadamente un 20% de todos los fieles musulmanes del mundo (y un 20% de 1.700 millones son muchos rigoristas) constriñe al ser humano al nivel de un súbdito sumiso y esclavizado por una Ley (Sharia) cuyo rigor, crueldad y fanatismo supera con creces el calvinismo de la Ginebra del siglo XVI. Paradójicamente, en Europa la cifra es muy superior: “entre un 40% y un 45% de los musulmanes europeos tienen ideas religiosas fundamentalistas” (fuente: https://www.agenciasinc.es/Noticias/El-fundamentalismo-islamico-no-es-marginal-en-Europa#:~:text=%E2%80%9CDe%20manera%20general%2C%20entre%20un,las%20tres%20definiciones%20del%20t%C3%A9rmino )

Y, atención, las víctimas del fundamentalismo no son solamente las mujeres como continuamente se nos está repitiendo estos días. Las víctimas del fundamentalismo son todos los seres humanos que incumplan una Ley (‘Sharia’) que asfixia a todos por igual pero en distintas parcelas. Repito; el fundamentalismo asfixia y somete A TODOS: mujeres pero también niños, ancianos, homosexuales y lesbianas, ateos, cristianos y judíos (‘religiones del Libro’), discapacitados, adúlteros, minorías, intelectuales, librepensadores y, por supuesto, hombres. ¿O es que pensamos que el varón goza de alguna libertad bajo el fundamentalismo? Es cierto que los verdugos son siempre varones. Ese aspecto es incuestionable, pero ello no debe hacernos creer que el resto de hombres quedan a salvo de numerosas violaciones constantes a su dignidad y derechos humanos. Todos bajo la Sharia están sometidos, quizás por eso la traducción mas aceptada de ‘islam’ sea la de ‘sumisión a Dios’ (Mircea Eliade lo desarrolla mejor).

Dado que el islam desde sus orígenes es una fusión entre religión y política (Mahoma fue un líder religioso, un político y un guerrero) resulta muy difícil su desvinculación sin minar los cimientos de esa religión. Por el contrario, en Occidente, la tensión entre Césares (reyes y emperadores) y Papas fue la nota distintiva de nuestra Edad Media y gran parte de la Moderna (al menos hasta la paz de Westfalia o, mejor aún, hasta la Revolución Francesa) y eso finalmente delimitó muy bien las esferas de influencia de ambas tendencias: la temporal (reyes) y la eterna o espiritual (papas y clérigos). No siempre fue claro el deslinde (el ‘cesaropapismo’ de Carlomagno, las ambiciones políticas de Julio II o el fundamentalismo cristiano de Calvino) pero en su conjunto siempre hubo una contraposición entre política y religión. Y, ojo, que nadie se crea que ese antagonismo iglesia-Estado supuso paz y armonía. Como bien sabemos las guerras de religión desangraron a Occidente. Pero salvo en la Suiza de Calvino en Europa no hubo teocracias. Recuérdese que la Inquisición europea (que no es invento español y que nace para combatir la herejía albigense o cátara) no ejecutaba a sus condenados, sino que los ‘relajaba (entregaba) al brazo secular’. Técnicamente hablando, la potestad sobre las vidas de los súbditos correspondía indiscutiblemente al príncipe, no al Papa. Esto que puede parecer un detalle insignificante (separación iglesia-Estado) es, en mi opinión, fundamental para comprender las razones del enorme retraso del mundo musulmán para asumir la modernidad en todas sus vertientes y no solamente en aquellas meramente instrumentales (tecnologías y yates).

Creo que el islam aún esta esperando una ‘Revolución Francesa’ cuyo momento y forma soy incapaz de imaginar, pues debe ser decidido y forjado por los propios musulmanes. Naturalmente, no tiene porqué ser un calco de nuestra evolución occidental. Para Binder (1988) el islam esta abocado a terminar siendo una ‘democracia multirreligiosa’ o una especie de ‘liberalismo islámico’ ¡Inshallah! Si interpretamos las religiones como organismos vivos, mientras que el cristianismo está en su siglo XXI el islam (nacido en nuestro s. VII) apenas ha iniciado nuestro siglo XIV, nuestro año 1300. Con esta visión biológica, aún les faltarían unos cuantos siglos para llegar por propia iniciativa a su particular revolución ilustrada… Ya sé que esta interpretación es caprichosa, pero intuyo que la revolución pendiente dentro del islam será liderada por mujeres, pues son ellas las grandes sometidas en un fundamentalismo que somete a todos. Al fin y al cabo ‘Libertad’ es nombre femenino.

Fernando Navarro García




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