Ahorrar en tiempos de crisis (y II)

Ahorrar en tiempos de crisis (I)

Una crisis económica como la actual, supone siempre un cambio profundo y de consecuencias importantes en nuestros hábitos de consumo, o en la manera en que estos son valorados. La situación que estamos viviendo en esta coyuntura reúne un cuadro desolador: guerra en el continente europeo; somos el único país de Europa que no ha recuperado los niveles de renta previos a la pandemia, de la que aún no hemos salido; inflación anual (abril 2021 – abril 2022) del 8,4 % con la consiguiente pérdida de poder adquisitivo sobre todo en las rentas más bajas; endeudamiento (apalancamiento) más elevado de la Historia; déficit público insostenible a largo plazo; perspectiva de subidas de tipos de interés, y todo ello con uno de los esfuerzos fiscales más altos de Europa, …

Términos como estanflación (estancamiento económico, a la vez que persiste el alza de los precios y el aumento del desempleo) y “reduflación” (proceso económico por el que las mercancías reducen su tamaño o cantidad, mientras los precios se mantienen o aumentan, vamos, a lo que siempre se le ha llamado merma) se han vuelto habituales en nuestras conversaciones.

Ahorramos para llegar a final de mes (¡a veces con dos sueldos!) con los gastos domésticos, a saber: luz, agua, alimentos (elaborados o no), gasolina, gastos comunitarios, seguros obligatorios, tributos (IBI, IVTM,…), etc.

Sin entrar en detalle, como por ejemplo que en Sevilla contamos con cuatro de los diez barrios más pobres de España o que en Polígono Sur hay 700 familias sin luz (fuente: Cáritas). Por cierto, en el distrito sur está el barrio de mayor renta per cápita (declarada), El Porvenir, y el de menos, Polígono Sur – Tres mil viviendas.
Ello nos obliga a buscar bienes y servicios sustitutivos cambiando hábitos alimenticios, vigilando luces encendidas, adoptando otros medios de transporte, aprovechando el agua de la ducha para utilizarla en los servicios, limitando los estrenos de vestuario y calzado,…

Entra en juego la economía colaborativa: Bla bla car, coworking (centros de trabajo compartidos), cohousing (viviendas con zonas compartidas), crowdfunding (financiación prestada por muchos inversores pequeños), así como nuevas fórmulas legales, como la Ley de Segunda Oportunidad (Real Decreto-ley 1/2015, de 27 de febrero), que permite a las familias declararse en suspensión de pagos, etc.

A la vista de la situación, expongo algunas recomendaciones desde mi experiencia, que espero que les sean de utilidad:

A) Tomar la iniciativa en nuestro propio hogar (variables endógenas) y no esperar a que nos solucionen los problemas desde fuera (variables exógenas), partiendo de un presupuesto familiar realista, marcándonos como objetivo suprimir gastos innecesarios y reducir en la medida de lo posible los necesarios.

B) Tomar distancia con el mundo material, promoviendo un estilo de vida más saludable y auténtico, centrándonos en lo que de verdad importa. Necesariamente, hemos de virar nuestros hábitos hacia la sobriedad y el desprendimiento. El consumismo acaba consumiéndonos. ¿De qué actividades podemos disfrutar, que no impliquen un gasto monetario? Más tiene quien menos necesita.

C) Dejar de vivir permanentemente por encima de nuestras posibilidades materiales y reducir el endeudamiento todo lo que podamos, a ser posible acortando los plazos y eliminando los pagos a crédito con tarjetas…

D) Utilizar todas las herramientas que se nos ofrecen de forma gratuita en internet para ampliar nuestra cultura financiera, para lo que sólo deben teclear Educación Financiera, siendo de especial interés la página elaborada por el Banco de España www.finanzasparatodos.es

E) Disfrutar de lo que ya poseemos y se nos ha olvidado que tenemos: libros sin leer, CDs sin escuchar, DVDs sin ver, ropa que no nos hemos puesto más que en una o dos ocasiones, una ciudad que conocen mejor nuestros visitantes que nosotros mismos, etc.

F) Si se cuenta con capacidad de ahorrar tomar la decisión de hacerlo al recibir nuestra renta (sueldo o pensión), no dejarlo para final de mes, y procurar invertir en activos que nos defiendan de la inflación, eso sí, asumiendo riesgos, pues dejarlo todo en la libreta de ahorros sería no aconsejable.

G) Por último, integrarnos en asociaciones de consumidores y usuarios donde disfrutar de publicaciones que nos ayudan a tomar decisiones, contar con asesores jurídicos y económicos, y, sobre todo, que sirvan de interlocutores con el gobierno en la adopción de medidas que favorezcan el mantenimiento del poder adquisitivo.

Desde mi condición de creyente no está de más recordarles a los más angustiados el “Dios proveerá” (Génesis 22, 8) de Abraham a Isaac, pero, sobre todo, desde nuestra responsabilidad, debemos asumir que evitar un escenario económico peor que el actual, depende, sobre todo, de nosotros mismos.

Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com




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1 Comment

  1. Charo dice:

    Muy buenos consejos.
    Gracias Alberto.

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