A ti, primavera

Permíteme tutearte.

Te echábamos de menos. Siempre eres bienvenida, este año más si cabe, te has adelantado. De nuevo lo has hecho, la has dejado espectacular, como siempre. La niña enamora, y verla en tus noventa días es un delito que hay que llevar a cabo, por lo civil o lo criminal. Y es que, le cambias la piel cuando marzo echa a rodar por su cuerpo y la Cuaresma cruza el dintel de sus cuarenta días. El sol dura más tiempo en sus tardes, y las tardes se mueren en sus brazos lentamente, como si nunca se acabasen y tuviesen una última palabra que decir. Y ese cielo, cómo no contemplarlo, un azul al que no puedes decirle que no, un azul que te condena salir a la calle en un abrazo que le das a Sevilla como un amor que lleva años sin ver.

Entras en Sevilla como los rayos de sol de tus primeras horas cuando  abrazan la candelería desgastada de la bendita muchacha de San Gil. Entras en Sevilla como el capiller que abre las puertas de la colegial del divino Salvador el Domingo de las Palmas y los Ramos, y al fondo en una sombra se esboza el Amor, siempre el Amor.

Dice tantas cosas cuando la coges de la mano cada veintiuno de Marzo, el ciclo vital se concentra en sus calles cuando la vistes así de guapa en estos tres meses. ¡Y qué tres meses¡ Le das la solución perfecta, eres la mejor pareja de baile para Sevilla, le das un beso eterno como en las mejores historias de amor y romanticismo. Nos regalas una Sevilla que desprende una belleza propia de la cultura de la perfección helenística.

Y no queda otra, que vivirte intensamente, con ese huracán que provocas en el alma durante este período. Desde el júbilo, hasta la reflexión eterna en un silencio que podría ocupar todas tus calles.

Le das ese desahogo a la ciudad, le das fe, esperanza y jugo. Algunos expertos de la materia llamaban a esta época “los días del gozo”, otros llamaban “a la gloria” a los sevillanos para conquistarte. Muchos conceptos, que han escrito sobre ti con el mismo sentido: vivirte, con todas tus letras, cuantas más veces mejor y encontrar la plenitud con uno mismo.

La vida… es una primavera de Sevilla. He dicho.



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