A Pinocho Sánchez, Bildu le mueve un brazo, Esquerra un piececito…

Lo que no sabe Adriana Lastra es que si el Código Penal fuese el de hace 200 años, ella estaría cumpliendo pena ahora mismo en un castillo y su presidente y la mitad de sus ministros esperando el garrote vil en una mazmorra, por deslealtad institucional, por sedición y por traición a la Patria. Así fueron las cosas.

Pero el Código Penal de España es de 1995 y todo en este gobierno y sus anillos saturnales es agrafía, burricie, inanidad e inconsecuencia. No valen ni para ministros, que es algo para lo que sirve cualquiera, incluso Simancas o Garzón, porque el nombramiento, si le quitas lo de la vergüenza y el decoro, depende en exclusiva del capricho de un tipo que falsificó su tesis doctoral y que juró setenta veces siete que jamás haría todo lo que lleva hecho. Con montarse en el coche blindado de la banderita, en España se es ministro.

El maniquí de grandes almacenes ha cobrado vida, como Pinocho, y se comporta como un Narciso enloquecido, incapaz de ocuparse de otra cosa que no sea mantenerse amarrado a sus hilos de marioneta.

El de Bildu le mueve un brazo, los de Esquerra un piececito, el satrapilla de Podemos le menea la cabeza, Torra y Puigdemont tiran de otro de los hilos para que se agache y se ponga en pompa, mientras el de “Teruel existe”…, pasa el cazo.

Por primera vez desde la moción de censura tengo días con algunos fogonazos de optimismo. Por ejemplo, me alegra ver que esto se está acercando a su final. Aunque no aventuro el desenlace, sé que traerá consecuencias muy desagradables para todos porque el comunismo es abrasador y destructivo y no se rinde nunca. Pero al menos llega ya la hora y espero que sea antes de las chekas.

Ahí los tienen, con entre cincuenta y cien millones de muertos a sus espaldas, con las estepas del gulag y los campos chinos de reeducación abiertos en canal, con una guerra mundial iniciada por ellos mismos morreándose los labios con el nazismo, y Europa todavía le permite al comunismo que respire, como si se tratara de una ONG y no una ideología siniestra y tenebrosa que aspira a erradicar la democracia, que es el verdadero enemigo declarado de cualquier marxista.

La sociedad abierta de Karl Popper es un coladero si no se tienen claros los límites de la basura y el riesgo de ese virus letal, cansino e inmisericorde del comunismo, ya sea de estilo venezolano, castrista, coreano, albanés o yugoslavo o el otro virus espantoso de los nacionalismos.

La peste bubónica de España vuelve a ser la misma, otra vez en comandita, fabricantes exclusivos de todos los fascismos, los cuales, recuérdese, son apenas la respuesta previsible de contrapoder surgida de la misma madre, la pestilente demagogia marxista.

Al marxismo renunciaron todos los partidos socialdemócratas de Europa y abandonaron la Internacional. Felipe González y Alfonso Guerra les hicieron ver a los suyos de qué iba esto. Hasta que llegaron estos dos descerebrados, Zapatero y Sánchez, que desconocen por completo quién fue Willy Brandt ni saben nada de la Historia del continente y quisieron encontrar como faros intelectuales a Largo Caballero y a Carmen Calvo, esa Rosa Luxemburgo de baratillo. Y a la Margarita Nelken de Galapagar posando en Vanity Fair.

Las organizaciones comunistas europeas son apenas una huella, un resto ideológico de chamarilero en el baúl de los abuelos abandonado en el desván de la Historia. Y los partidos socialistas como tales, los que no cambiaron su denominación a socialdemócratas y se les da la condición por sobrentendida, ya no existen en ninguna parte: ni en Alemania, ni en Italia, ni en Francia, ni en Reino Unido ni en país alguno. Excremento y excrecencia en ambos casos.

Al cretino de Alberto Garzón, por ejemplo, no le ha costado apenas nada convertirse en secretario general de un Partido Comunista obliterado por los ciudadanos y al borde de la extremaunción, cuando en otro tiempo alzarse con el liderazgo de un secta como esa conllevaba al menos disciplina y un puñado de mala leche y no la meliflua idiotez que gasta este muchacho.

Ni “La Pasionaria” ni Carrillo, dos obsecuentes del abyecto estalinismo durante la mayor parte de sus vidas, se habrían atrevido a tan ignaros posicionamientos respecto de los nacionalismos. Y menos aún respecto de la Monarquía parlamentaria, que ha logrado el ciclo de paz y prosperidad más feliz de nuestra Historia.

El camino se agota y la disyuntiva en tales casos sólo se reduce a la convivencia en la razón o el precipicio.

He dicho.




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