A Dios pongo por testigo que… volverá a suceder lo de Quintero

Ustedes saben, Zavalitas míos, que este Perú llamado España (o Andalucía, o Cataluña, o Vascongadas o Madrid o lo que quieran), se jodió mucho antes de lo que imaginamos, incluso antes de que llegara esta manada de bárbaros a hombros de Pedro I “El Embustero”, pero uno puede trazar una raya casi en cualquier parte de años anteriores y podrá comprobar que a partir de ese momento la degeneración fue una constante hasta casi poder afirmar que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Cojamos el año 2014, por ejemplo, una anécdota en el océano, y comprobaremos que en aquella ocasión, acogiéndose a la legalidad prevista en el decreto de creación, que permite revocarle la Medalla de Andalucía a quienes “como consecuencia de la condena de su titular por algún hecho delictivo, así como por la realización de actos o manifestaciones contrarias a la Constitución, al Estatuto de Autonomía de Andalucía o a sus Instituciones de Autogobierno, o que atenten gravemente a los intereses de nuestra Comunidad Autónoma”, la Junta de Andalucía procedió a retirarle dicha distinción a Isabel Pantoja, que la había recibido en el año 2002.

Uno debe suponer que a la Isabel Pantoja de 2002 le otorgaron la medalla por cantar muy bien un tipo de copla enraizada con la cultura popular andaluza, no por su clarividencia emocional ni su buena u honrada gestión patrimonial, claro que también es posible que hubiese otras razones menos confesables, como la de utilizar la popularidad conseguida hasta la fecha en beneficio de la política partidista, para pagar alguna clase de favor prestado (no me hagan especular demasiado, les ruego) o cualquier otra razón añadida.

Pero entonces vamos a los motivos confesos de aquella elección y así al menos sabremos lo que se barajó de boca para afuera y de manera oficial. Reza así el decreto 68/2002, de 19 de febrero, publicado (¡ojo!) en el Boja 29 de ese mismo año, en fecha 9 de marzo…, nueve días después, por tanto, de que la medalla le hubiera sido ya entregada en una ceremonia celebrada, como de costumbre, el 28 de febrero, Día de Andalucía, sin esperar a la publicación necesaria para su entrada en vigor… ¡Qué cosas! Dice así:
“Doña María Isabel Pantoja Martín, natural de Sevilla, pertenece a una numerosa y conocida saga de artistas, y constituye uno de los exponentes más representativos de la canción andaluza, del protagonismo que ésta ha alcanzado en el panorama nacional e internacional y de la fidelidad de un pueblo a sus manifestaciones más apreciadas.

Esta artista sevillana pasea con orgullo el nombre de Andalucía por todo el mundo. Aficionados de cinco continentes han tenido oportunidad de disfrutar de su poderosa voz y de su indiscutible personalidad, capaz de trasladar a los escenarios toda la magia, el embrujo y la pasión de nuestra tierra.

Desde su temprana aparición, con tan sólo siete años, en el histórico Teatro San Fernando de su ciudad natal, ha desarrollado sus grandes dotes naturales con una constante voluntad de mejora, que le han llevado a su consagración como figura de la canción en solitario.

La carrera profesional de Isabel Pantoja es la partitura de una melodía destinada a triunfar, y cuyas claves radican en la modulación de una herencia folklórica y musical, enriquecida por sus cualidades interpretativas y su espíritu innovador.

Millones de discos vendidos e innumerables premios, procedentes de todas las latitudes, muestran el favor y el cariño del público y ratifican con absoluta claridad el éxito y el renombre alcanzado por esta singular intérprete.

Hoy, su voz, sus letras y su música forman parte del corazón popular de Andalucía.

Es manifiesto, por tanto, que en doña María Isabel Pantoja Martín concurren méritos suficientes para hacerse acreedora a la referida distinción”.

Y ahí quedó. Lo dicho: se la concedieron por su manera de cantar y por la difusión de la cultura propia y la repercusión internacional alcanzada como cantante. Aunque la ley tasa los motivos para su revocación, a mí me parecen tan absolutamente caprichosas y arbitrarias las razones para ello como para su concesión, de manera que en todo sobrevuela el fantasma de la utilización política de los artistas y del talento ajeno, lo cual, yo creo, no puede sorprender a nadie habida cuenta que aquel decreto lo firmaban dos procesados y condenados a severas penas de inhabilitación por graves delitos de prevaricación…, a los cuales no sólo no se les retirarán jamás los beneficios adquiridos mientras ejercieron como senadores, como diputados u otros altos cargos dentro de las instituciones, sino que incluso se procederá con ellos, previsiblemente, a una medida tan extraordinaria, caprichosa y arbitraria como la del indulto. Amén, por supuesto, de que seguirán cobrando sus prebendas aparejadas al cargo y sus retratos oficiales seguirán colgados en los pasillos de las instituciones y no habrá Ley de Memoria alguna que les obligue a ser sacados de sus sepulcros blanqueados por los indultos.

Creo que resulta fácil apreciar aquello que les decía al comienzo, Zavalitas míos, sobre el momento en que se nos jodió el Perú. Y lo volvemos a ver ahora, donde la caprichosería de los unos o los otros decide que personajes insignes como pueden o han podido serlo en sus respectivas áreas el comunicador Jesús Quintero o el cineasta y productor Juan Lebrón, han sido o son ignorados por razones inapreciables, inconsistentes y en todo caso caprichosas y arbitrarias por las instituciones, condenando no a los responsables institucionales a la vergüenza y a la indignidad, sino a toda la Comunidad Autónoma oficial y al pueblo andaluz en general, incapaces como son nuestros representantes de separar el polvo de la paja, ni sus miserias de los triunfos y las altas cimas artísticas logrados con talento y esfuerzo por los genios.

Una cosa más, añado: ¡A Dios pongo por testigo que lo ocurrido con Jesús Quintero, abandonado a su suerte, diezmado por sí mismo pero sobre todo por quienes se apuntan sin escrúpulo al llanto y a la condolencia más cínica, volverá a suceder…! Y todo volverá a seguir igual.

(PS: Ocho años después de que Susana Díaz, la última representante hasta la fecha del régimen instaurado en Andalucía durante casi 40 años, firmase el decreto de revocación de la Medalla de Andalucía a Isabel Pantoja, la gran artista aún no la ha devuelto. Ni falta que nos hace).

He dicho.




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