El tiempo es relativo. Lo es subjetivamente. Hay quien es dueño del tiempo y hay –muchos, la mayoría- que son/somos esclavos del tiempo.

Un ejemplo de quien está tremendamente atrapado en el tiempo (como en el famoso día de la marmota) es Pedro Sánchez: le urge visceralmente destruiría cualquier vestigio del cristianismo (no de otras religiones) en la sociedad española, tiene poco tiempo y desea imponer su ideología del odio a Dios a como dé lugar. Así han procedido muchos otros a lo largo de la historia: Trajano, Diocleciano, Saladino, etc. y más modernamente Stalin con sus adláteres españoles Largo Caballero y un nutrido etcétera).

En estos días celebramos en Sevilla el 25 aniversario de la estancia de San Juan Pablo II para clausurar el XLV Congreso Eucarístico Internacional. Me parece un enorme ejemplo de persona que se hizo dueño del tiempo, supo comprender su tiempo y trabajar por los demás sin depender obsesivamente del éxito inmediato sino con visión de eternidad. Es lo que han hecho los santos. Es un repetirse de la Historia comprendida como la confluencia del actuar humano libre y la providencia amorosa de Dios. San Juan Pablo II parecía no tener prisa y recojo palabras de D. Juan José Asenjo al respecto: “un testigo presencial me comentó su recogimiento rezando de rodillas en la capilla (…) antes de comenzar la santa misa, y la acción de gracias prolongada al concluir la celebración”, “su gesto entrañable al llegar al altar postrándose ante la imagen bendita de la Pura y Limpia del Postigo del Aceite, que tanto agradecieron los sevillanos”, “su actitud de  profunda adoración durante un cuarto de hora largo ante el Señor Sacramentado”, etc. y, sin embargo, tenía un profundo sentido de la urgencia, la urgencia de ir al paso de Dios, de llegar a las personas, a su corazón, a sus necesidades verdaderas. Y esto no le hacía estar lejos de las necesidades materiales de los humanos. Todo lo contrario. Nadie ha hecho más por los pobres, desheredados, enfermos, ancianos, niños nacidos o por nacer. Busquen en hemerotecas sus viajes por aquí y allá y verán como su evangelización no era palabra hueca sino llena de gestos y obras. En su visita a Sevilla, con un horario, más que apretado –agotador-, quiso pasar un rato y que quedase en la memoria de los sevillanos, en la Residencia de Ancianos San Rafael (Dos Hermanas) y visitar las obras sociales ligadas al Congreso Eucarístico.


Efectivamente si usted tiene una necesidad material imperiosa de comida, techo o similar no se acerque a un partido político ni central sindical, vaya a la denostada (por los Pedros Sancheces) Iglesia Católica, a la parroquia más cercana, a la sede de Cáritas o a un comedor social de una Hermandad. Los santos como San Juan Pablo II son los que salvan verdaderamente al mundo. Otros, no sólo no salvan sino que les privan del alimento de su alma.

Corren tiempos difíciles ¿cuáles no lo ha sido? Pues en las dificultades actuales mirar a un gran hombre, a un gran santo como San Juan Pablo II nos hará mucho bien para encontrar la medida del tiempo, para salir de la agobiante inmediatez y respirar esa dimensión eterna con la que se debe vivir la vida terrena para que tenga su más profundo sentido. El auténtico cariño con que nos visitó este Papa santo que se quedó prendado de Sevilla es un punto de referencia y su intercesión un valor seguro.