20 de noviembre, días de desmemoria

“Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas calidades entrañables, la Patria, el Pan y la Justicia”, José Antonio Primo de Rivera

Era un 20 de noviembre de1.936, y en una fría mañana del invierno alicantino, un pelotón de fusilamiento ponía fin a la vida de uno de los hombres más mitificados, de la historia del último siglo español. Le habían disparado en los pies, para verle aterrorizado pidiendo clemencia, no lo consiguieron. El comandante militar de Alicante, el coronel Sicardo, recogió los pocos enseres de aquel hombre que yacía en el suelo y cumpliendo con las órdenes recibidas de Indalecio Prieto, remitió una maleta de genuina piel de vaca, de 64 centímetros de largo por 32 de ancho y número de serie 622.

Hubo de esperarse hasta enero de 1.977 para que, recién inaugurada la transición política en España, en la que una mañana Miguel Primo de Rivera y Urquijo, sobrino y ahijado de José Antonio, recibiera la visita inesperada de Víctor Salazar, miembro destacado del Partido Socialista y albacea testamentario de Indalecio Prieto, fallecido el 11 de febrero de 1962 en Méjico, donde pasó los últimos años de su vida, paseándose en un descapotable y haciendo ostentación del dinero que arrasó en el Vita de la sangre de los Españoles, Salazar para que este entregara a Miguel Primo de Rivera las llaves de la caja fuerte del Banco Central de México, donde se hallaba el preciado tesoro que tantos falangistas y franquistas buscaron sin cesar.

Entre los enseres que contenía aquella maleta, se hallaba uno de los secretos mejor Guardados de José Antonio, eran noticias de su apasionado romance con una mujer casada, que no era otra que Elizabeth Asquith, hija del primer ministro británico entre 1908 y 1916, el liberal Herbert Asquith, casada con el príncipe y diplomático rumano Antoine Bibesco. Ella le había remitido desde París una nota el 29 de febrero de 1936 que decía «Je pensé a toi. Love» (Pienso en ti. Amor). Nacida el 26 de febrero de 1897, la princesa Bibesco, como se la dio en llamar tras su matrimonio con el cuarentón y aristócrata rumano en 1919, había conocido a José Antonio en marzo de 1927 en Madrid, donde Antoine acababa de ser nombrado ministro de Rumanía, tras desempeñar el mismo cargo en las cancillerías de Londres y Washington.

La había conocido en 1935 en una reunión con amigos en el Parador de Gredos la dramática noche del viernes 14 de junio. Que no eran otros que Raimundo Fernández-Cuesta, Julio Ruiz de Alda, Manuel Valdés y Rafael Garcerán, entre otros, todos ellos asesinados en el transcurso de la guerra civil. Fue otro de los miles de amores frustrados, inacabados que dejó la guerra civil

Aquel 20 de noviembre de 1937 era el fruto de una reunión celebrada en el antiguo Hotel Londres de Alicante entre Santiago Carrillo, Indalecio Prieto, Alexander Orlov, un agente del KGB que dirigía las purgas comunistas en la España de la guerra civil asesorando al Partido Comunista de Santiago Carrillo y Dolores Ibarruri y Vidal Gil Tirado, el fiscal acusador, y cuya familia fue vecina mía hasta bien entrados los años 80 Frente al Colegio de las Azules, en el que acordaron su sentencia a muerte.

José Antonio había sido detenido el 14 de marzo de 1936, y según consta su informe de detención, según explica Stanley G. Payne, el informe oficial del arresto de José Antonio decía simplemente: “Detenido por fascista”, pese a que, de acuerdo con la legislación vigente, no era más delito ser “fascista” que comunista o anarquista. Manuel Azaña a la sazón ya presidente de aquella infausta república, señalaba, “Cuando Ossorio supo, porque yo se lo conté, mi intervención personal para liberar a Primo de Rivera del asesinato que iban a perpetrar algunos fanáticos de Alicante, se quedó callado: ‘¡Cómo! ¿Le parece que he hecho mal? ¿Me he excedido?’…”. Lo que se le olvidó citar a Manuel Azaña en su conversación con Ángel Ossorio es que Primo de Rivera estaba preso en la cárcel desde el 14 de marzo porque él mismo rubricó el decreto ley que el gobierno del Frente Popular había redactado ‘ad hoc’ para ilegalizar a su partido, Falange Española, y detener a todos sus máximos dirigentes.

Franco, informado de lo que pasaba, llegó a ofrecer los 7.000.000 de pts., que se encontraban depositados en Banco de España en Sevilla por su vida, sin existo, pero prohibió que un grupo de Falangistas asaltaran la cárcel de Alicante para salvar su vida, precisamente porque hubiera sido una acción suicida, en el que hubieran caído más falangistas.
El odio a la Falange Española, venía de lejos, en Plena republica los falangistas caían como moscas a manos de los pistoleros comunistas y socialistas, en su mayor parte de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) de Santiago Carrillo. Entonces, también se hablaba de la violencia provocadora de lo que llamaban el fascismo español. De Falange Española de las JONS de los que señalo sólo algunos.

José Ruiz de la Hermosa fue la primera víctima de Falange, asesinado en Daimiel (Ciudad Real) el 2 de noviembre de 1933. Era funcionario de Hacienda destinado en Canarias. Viajó a Madrid para asistir al acto de presentación de Falange en el Teatro de la Comedia el 29 de octubre de 1933 y, después, fue a su localidad natal, Daimiel, a visitar a su familia. Cuando estaba allí acudió a un mitin de las JSU donde se criticó al Gobierno, y a Ruiz de la Hermosa se le ocurrió gritar “Recordad Casas Viejas”, en alusión a la represión del Gobierno Azaña contra milicianos anarquistas en aquella localidad. La multitud empezó a golpearle y le sacaron a golpes hasta la puerta donde un tal José Ruiz de la Hermosa (coincidían los apellidos de víctima y asesino) le apuñaló y, una vez en el suelo, fue golpeado hasta quedar irreconocible. Murió como consecuencia de los golpes.

Juan Jara, solamente un mes después, en Zalamea de la Serena (Badajoz), de profesión panadero, había sido uno de los fundadores de Falange en ese próspero municipio extremeño. Una noche, tras discutir de política con varios socialistas del pueblo, regresaba solo a su casa y fue asesinado de un disparo en la cabeza, por detrás, por uno de los socialistas con los que había discutido. El PSOE de Badajoz ha retirado su nombre del callejero.

Tomás Polo Gallego, en Villanueva de la Reina (Jaén) fue atacado por un dirigente local de las Juventudes Socialistas en la noche del 24 de diciembre de 1.933 mientras cantaba villancicos en un bar. Dos días después moría como consecuencia de las heridas sufridas el día 26 de diciembre.

Francisco de Paula Sampol, el 11 de enero de 1934 en Madrid, era un joven estudiante universitario que había tenido la osadía de comprar el segundo número del semanario falangista FE. Tras separarse unos metros del punto de venta del periódico, recibió dos disparos por la espalda que le atravesaron el corazón. Murió al instante.

Matías Montero, que fue asesinado el 9 de febrero de 1934. A sus 21 años cursaba quinto de medicina en la Universidad de Madrid y pertenecía al Sindicato Español Universitario (SEU) y había estado vendiendo el semanario FE. Cuando regresaba en solitario por la calle Juan Álvarez Mendizábal de Madrid, recibió dos disparos por la espalda en el corazón. Después, otros tres disparos más en el estómago. El asesino, Francisco Tello – afiliado a las JSU_ fue juzgado y José Antonio Primo de Rivera, que ejerció la acusación particular, consiguió para él una condena de 23 años y 3 meses. De poco sirvió, porque fue indultado en febrero de 1936 tras la llegada al poder del Frente Popular.

Ángel Montesinos Carbonell, el 8 de marzo de 1.934, mientras vendía el semanario FE, era asesinado a tiros un joven dependiente de comercio que se había afiliado a Falange en los primeros momentos. Su asesinato tuvo lugar en la calle Fuencarral.

Jesús Hernández Rodríguez, un alumno de bachillerato de tan solo 15 años, fue asesinado junto a la Casa del Pueblo situada en la calle Augusto Figueroa de Madrid por un grupo de miembros de las JSU que salió del local. Recibió un disparo por la espalda que le atravesó la arteria femoral causándole una lenta muerte desangrado.

José Hurtado García, del municipio jienense de Torreperejil , murió asesinado un pequeño propietario agrícola de 22 años de edad que era afiliado a Falange y hermano del jefe local del partido. El 6 de junio de 1934, José Hurtado estaba trabajando en un cortijo que tenía arrendado. Eran las seis de la madrugada y recibió una comitiva de huelguistas que le obligaron a despedir a las decenas de trabajadores que había contratado para la faena porque los consideraban esquiroles. Tras explicar a sus empleados que era mejor no enfrentarse, se quedó solo en la explotación y, una hora después recibió aviso de la Guardia Civil de que acudiera al cortijo Poco Humo, en el que los propietarios se habían enfrentado a los huelguistas. El dueño de ese cortijo se encontraba herido de bala y encerrado junto a su familia en la vivienda del cortijo a la que los militantes socialistas y anarquistas habían prendido fuego.

A pesar del riesgo, José Hurtado entró en la vivienda e intentó sacar a la hija pequeña de los dueños que tenía tres años. Los huelguistas se lo impidieron a tiros. Volvió al interior de la casa e intentó salir por una ventana trasera, pero fue sorprendido y asesinado de un disparo en la cabeza mientras tenía a la pequeña de tres años en brazos.

Francisco Marcano Gartua. Asesinado en Valdesilla de Santander. Volvía de noche andando desde el municipio de Corrales de Buelva cuando fue cercado por un grupo de afiliados a las JSU que le propinaron una paliza y lo dejaron abandonado en la cuneta dándole por muerto. Eran las 10 de la noche, y no fue recogido hasta las siete de la mañana siguiente. Trasladado al centro de salud de Valdesilla, murió a las pocas horas.

El 28 de octubre de 2019, el ministro de Consumo Alberto Garzón tuiteaba: “El fascista José Antonio Primo de Rivera fue ejecutado por golpista, como Mussolini fue fusilado y colgado en Italia. Y ninguno de esos hechos justifica considerarles víctimas, pues ello sería ponerle al mismo nivel que los demócratas asesinados y represaliados por el fascismo”. Qué poca memoria y cultura tiene este ministro, hoy de España.

A día de hoy, que caminamos hacia el silencio y la memoria de las víctimas, de todas las víctimas de la Guerra Civil, no he querido ni tan siquiera hablar de Franco, porque ya nos encontramos lo suficientemente saturados que haya sido el perejil de todos los odios cainitas que, en este país, parecen estar enterrados en el discurso de la izquierda y que nos llevan al odio. Ni tan siquiera he tenido nada nunca nada que ver con Falange Española, ni nadie de mi familia, pero leyes que nos llevan hasta pervertir la historia no pueden llevarnos a otra cosa que al odio cainita.

Hoy, que caminamos hacia un asalto al poder judicial, a la Ley de la Memoria Democrática, a la compulsión de las libertades de educación de los padres con sus hijos, a la división de los territorios de España como un trofeo de caza de unas élites que nunca nos han preguntado qué clase de país queremos y si nos sentimos cómodos en estas taifas que no negocian presupuestos para España, si no que se lo subastan como vacas en una feria de ganado, jugando con el bienestar de todos los españoles y que nos someten a leyes que son puramente fascistas. Conviene recordar que estamos ante los mismos odios cainitas que desencadenaron a la guerra civil española, y eso sí es verdaderamente preocupante.




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *