Reunir a cerca de cuatro mil asistentes a un acto de precampaña electoral en unas autonómicas hoy en día sólo hay dos partidos capaces de hacerlo: VOX y Podemos. ¿Acaso los extremos se tocan? No. Nada tienen uno que ver con el otro. Lo único que comparten es el hartazgo de sus votantes, uno con la derecha y el otro con la izquierda. El líder de la formación verde ha pisado el acelerador y se la juega en Andalucía. Sabe que tiene que sacar al menos dos diputados, uno por Málaga y otro por Sevilla, que es lo que manejan las encuestas oficiosas aún no hechas públicas por ningún partido. Hoy, en contra de todo pronóstico, como lo que ocurrió en Vistalegre, ha vuelto a llenar. Con un público entregadísimo, deseoso de que que le hablaran sin tapujos de sus problemas, de la patria en peligro por el golpe fallido de unos sediciosos catalanes, de la inmigración ilegal, de la corrupción, de las autonomías sobredimensionadas que ponen en peligro los servicios sociales. La presidenta de Vox en Sevilla María José Piñero, el candidato a presidir Francisco Serrano, Javier Ortega Smith y Santiago Abascal, hicieron discursos directos, apelando muchas veces a los sentimientos (¿se puede esperar otra cosa de un mitin?), sin complejos. Y triunfaron. Todos. Un mar de banderas, de aplausos, de vivas, inundó Fibes de arriba a abajo. Ahí no había ni trampa ni cartón, ni autobuses pagados ni bocadillos de mortadela. Hombres y mujeres de todos los estratos sociales, jóvenes y no tan jóvenes.

El acto del Palacio de Congresos de Sevilla no ha hecho más que saltar las alarmas. Aznar tiene toda la razón cuando habló de que él dejó el PP con una sola derecha. Ahora hay tres, muévase el fiel más o menos al lado que uno quiera. Las alarmas azules y naranjas están encendidas. La irrupción de Vox puede poner en peligro un gobierno de coalición entre ellos. Volverá la apelación al voto útil. ¿Lo ha sido en los últimos 40 años de monopolio socialista? Ese es el mensaje que lanzaron ayer en un auditorio que fue a escuchar lo que quería escuchar.