Urgen soluciones al tráfico

Sevilla se ha convertido en una ciudad imposible para el tráfico. De lunes a viernes, en todas las vías de acceso a la ciudad y en todas sus circunvalaciones, miles de vehículos permanecen atrapados en atascos sin fin que, además de destrozar los nervios de más de un conductor, genera tal volumen de contaminación que ha situado a la capital andaluza en los primeros puestos de las ciudades más contaminadas de España, según Ecologistas en Acción. El Ayuntamiento de Sevilla, por fin, mueve ficha ante una situación del todo insostenible, presentado un protocolo de actuación ante episodios de alta contaminación que, de aquí a muy poco tiempo, serán diarios y a todas horas si alguien no pone remedio a la situación. El protocolo municipal habla de recomendaciones a los usuarios, de la ampliación de los cauces de información, y de restricciones en el tráfico, sin abundar demasiado en detalles. Pero, con todo, los problemas que padece Sevilla como consecuencia de los gases que emiten los vehículos no procede del tráfico rodado en el caso urbano, que también, sino fundamentalmente de las decenas de miles de vehículos colapsados permanentemente en las carreteras que circunvalan la ciudad. Coches y camiones que emiten permanentemente gases tóxicos y que nos sitúan dentro de las pocas ciudades españolas donde se superan en más ocasiones de las deseables los niveles máximos de dióxido de nitrógeno, pero sobre todo,  de las partículas denominada PM10, consideradas las más peligrosas para la salud. Urge que, de una vez por todas, las autoridades tomen cartas en el asunto. Sería deseable que las decisiones de carácter político vayan en el sentido de la ampliación y mejora de las congestionadas infraestructuras de la ciudad de Sevilla y no por lo fácil que es la prohibición o la restricción. Sería interesante, por último, que los gobiernos, sean del PP o del PSOE, dejaran de mentir a los sevillanos con los túneles bajo el Guadalquivir, o entretenernos con falsos anuncios como la ampliación del Puente del Centenario, o el toco-mocho del desdoble de la N-IV. Con la salud no se juega.




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