Twitter, la picadora de carne de los políticos

Nadie discute que la pareja formada por Pablo Iglesias e Irene Montero tengan derecho a comprar lo que les venga en gana con su dinero. Un piso de 30 metros cuadrados en Vallecas o un chalé de lujo en Galapagar. Es legítimo y legal que los españoles, y ellos lo son, aspiren a la mejor vivienda en función de las posibilidades económicas de cada cual. Distinto es la absoluta incoherencia de la pareja en cuestión a la hora de transmitir un mensaje y hacer justo lo contrario a lo que se pregona. Serán, finalmente, las bases de Podemoslas que decidan que no deben dimitir por esta incongruencia, pues ese será, casi con toda probabilidad, el resultado de la consulta que quieren poner en marcha para que sea el partido el que solucione el problema creado por ellos. Otra cosa bien distinta son los votantes, que ya veremos que opinan en las urnas sobre el episodio en cuestión.  Y el problema, más que el chalé, las condiciones por las que se les ha concedido la hipoteca, quien se la concede, o cómo han conseguido ahorrar en tres años tal cantidad de dinero como afirman, ha sido un tuit. Uno escrito por el macho alfa de Podemos hace poco más de dos años en el que preguntaba “como se puede confiar el dinero público en un político que se gasta 600.000 euros en un ático de lujo”. Por la boca muere el pez y Twitter está ahí para recordarlo. La red social del pajarito azul se ha convertido, sin que nadie se haya dado cuenta, en la picadora de carne de político más eficaz de las que se recuerdan. Muchos han perdido el puesto o el prestigio por un tuit que en su momento puede pasar inadvertido y que, cual boomerang, aparece de repente al cabo del tiempo para golpear a su autor en toda la cabeza y dejarlo KO. Pablo Iglesias es uno más. Lo es también el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, aficionado hasta el extremo a la red social donde acribilla a sus seguidores con todo tipo de fotos y mensajes, como si se tratara de un candidato a alcalde de un pueblito que necesita imperiosamente hacerse notar. Zoido, y su mentora, María Dolores de Cospedal, a la sazón ministra de Defensa, no han tenido mejor idea que trasladar el pésame a la familia del joven militar muerto en Mali, en accidente de tráfico, a través de Twitter. Sólo a través de Twitter. La familia del infante de Marina, ha tenido que abrirse una cuenta para responder a Zoido y Cospedal ante semejante falta de tacto y empatía. Todo es política de salón, de apariencias, de escaparate. Y nuestros políticos creen que Twitter es la mejor herramienta para lucirse. Craso error.


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