Sevilla, un infierno en la tierra

Los informativos de televisión se han convertido en una máquina de espantar turismo para Sevilla. En estas fechas  todas las cadenas emiten a partir de las tres de la tarde la recurrente pieza sobre el calor, que bien podría ser de archivo, pues prácticamente es el mismo vídeo un año tras otro, con las mismas imágenes de recurso, las mismas localizaciones y parece, hasta los mismos protagonistas. Estos últimos, sevillanos y turistas, suelen manifestar a cámara que “Sevilla es un infierno” o “esto no hay ser humano que lo aguante”, o un lacónico “horroroso”, en ocasiones con un tufillo de estar guionizado al estilo “¿oiga, me podría decir esta frase a cámara?”.  Las imágenes de recurso suelen ser termómetros públicos que marcan valores imposibles, como si lo normal en Sevilla fueran los 52 grados que señala algún que otro aparato cuyas tareas de ajuste y mantenimiento brillan por su ausencia. Sevillanos y turistas bebiendo agua desaforadamente, echándola por encima, empapados de sudor como si la ciudad se hubiera convertido en una urbe apocalíptica arrasada por las llamas. Personas protegiéndose a la sombra y hasta las puertas de Urgencias del Virgen del Rocío donde llegan las ambulancias “por golpes de calor”. Imágenes.  Y Sevilla, siempre Sevilla, aunque haya otras capitales no muy lejanas donde hace el mismo o más calor que en la capital de Andalucía, aunque quizás no con tanto gracioso por sus calles ni con tantas ganas de fastidiar la imagen de la ciudad, conscientemente o no. La pieza en cuestión, el vídeo, no suele durar más de 40 segundos. Lo suficiente para que todo aquel que esté pensado venir a Sevilla en verano, descarte la visita al “infierno en la tierra”. Nadie cuenta, ninguna televisión, que Sevilla es, con toda seguridad, una de las ciudades del mundo mejor preparadas para combatir el calor. La configuración de sus calles, el diseño de sus edificios, sus monumentos, sus museos, los parques y jardines… y por supuesto sus hoteles. Sevilla lleva siglos combatiendo temperaturas que jamás alcanzaron, ni por asomo, las que marcan los termómetros de la ciudad donde los turistas se fotografían y mandan por mensajería a medio mundo como si de una proeza se tratara.  Si Sevilla está preparada para el calor de día, el nocturno es sencillamente delicioso. Pasear por la ciudad, acudir a contemplar el río y su ribera, a tomar un aperitivo o cenar en restaurantes o bares de barriada es un placer al alcance de pocos. Los mismos atractivos que hacen famosa a Sevilla en primavera y otoño, permanecen en verano, con la diferencia de que, en esta época, se pueden hacer planes con la seguridad de que ningún chubasco inoportuno lo va a fastidiar.




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