Primero fue en Extremadura, donde hubo que repetir los exámenes porque de forma irresponsable se colgaron las preguntas antes de las pruebas. Ahora en Andalucía. Este periódico ha publicado en rigurosa primicia que el planteamiento de un examen de Matemáticas tenía un fallo que imposibilitaba su resolución. Fueron los propios alumnos y profesores los que se dieron cuenta y avisaron del error. En algunos casos a los cinco minutos. En otros a la media hora. Hay una queja generalizada de que ese tiempo no se descontó del cómputo total.

¿Quién vigila la selectividad? No nos referimos a los profesores de Instituto y de Universidad que controlan los exámenes. Sino a los encargados de aprobar, escribir, revisar, imprimir y comprobar sus textos. ¿Acaso es mucho trabajo una vez al año? No se pueden cometer estos errores cuando estamos jugando con el futuro académico y profesional de nuestros hijos. La Consejería de Educación tiene que dar una explicación de lo sucedido y evaluar si este fallo ha supuesto que muchos alumnos no pudieran acabar sus exámenes en su totalidad por falta de tiempo. No vale mirar para otro lado. Si exigimos pulcritud a los examinandos, ¿cómo no se la vamos a pedir a los examinadores?