Sánchez no prorroga el Estado de Alarma

El anuncio, casi al filo de lo inesperado, de una nueva comparecencia  -la cuarta desde la crisis-  del presidente del Gobierno, hizo presagiar a muchos que se avecinaba la comunicación de la prórroga del Estado de Alarma (sujeta por supuesto a la aprobación del Congreso, hasta el 25 de marzo). Pero no fue así,  por más que el ministro Ábalos personalmente la adelantara esta semana como la cosa más natural, y tuviera que ser corregido y atenuado por la portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, que prefirió “más prudencia y no hacer hipótesis”.

Una pandemia no es precisamente una broma, pero quedar confinados en las casas tampoco. Y mucho menos, como consecuencia del concreto Estado de Alarma decretado en España, con las gravísimas consecuencias del cierre de los comercios, de los hoteles, o de la mayoría de los organismos de la Administración.

Desde el tercer discurso, después de hablar por su cuenta y riesgo Ábalos, ya se vio que el presidente va despacio y con cautela en la posibilidad de la prórroga. Y el discurso de anoche fue un discurso balance, con los datos del pasado y del futuro tras la primera semana de confinamiento de la población. Con esos datos de solo siete días ya se ha sabido lo caro que sale el Estado de Alarma, tan potente en sus efectos y fuerza como para derrumbar el complejo edificio presupuestario de un país.

En estos momentos y al cabo de la primera semana, Sánchez aparece como quien sabe muy bien que en un Estado de Alarma  (con “las medidas más drásticas de Europa y del mundo”, según su propia declaración) resulta el choque frontal de la colisión entre lo sanitario y lo económico. Da la impresión de que ha evitado toda referencia a la prórroga. Parece desear silencio y discreción en ese espinoso tema, mientras busca ganar tiempo en los próximos acontecimientos, ampararse en datos esperanzadores por más que recalque que lo más duro está por llegar. Pero, ¿qué es lo más duro, a qué se refiere con tal vaticinio,  quizás concebir ya otra forma de vivir con nuevas medidas para la marcha atrás del virus, pero que excluyan el confinamiento y la parálisis absoluta de la vida comercial y, por ende, económica de la nación? Se diría que el presidente depende ahora, y mucho en su decisión, del número de contagios y bajas humanas de los próximos días, incluso de hoy mismo.


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