Regresan los compadres

Los compadres están de vuelta. Juan Ignacio Zoido y sus amigos tienen adquirido el billete del AVE de regreso a Sevilla. Nadie lo esperaba la semana pasada, cuando Mariano Rajoy sacaba adelante los Presupuestos Generales del Estado. Pero las cosas de la política son así, y una sentencia, la del caso Gürtel, ha sentenciado al gobierno de Mariano Rajoy y al Partido Popular que se queda sin su último baluarte de poder. Rajoy y sus gobiernos han conseguido desangrar en tiempo récord a un partido de gobierno. Lo hizo el propio Zoido en Sevilla. Se han quedado sin asidero, sin posibilidad de agarrarse ni siquiera a un clavo ardiendo, sin comunidades autónomas ni ayuntamientos donde colocarse. Y de eso se trata, de colocarse, de intentar seguir viviendo de la sopa boba. Y para Sevilla vienen, de nuevo, con la rabia propia del que han desplazado abruptamente de una patada en el trasero. Aquellos que han provocado el desastre quieren desplazar a los que les ha tocado gestionar la miseria e intentar recuperar el terreno perdido en las próximas elecciones autonómicas y municipales. Y vienen a alta velocidad los compadres dispuestos a todo para seguir viviendo de la nómina pública o de partido al calor de los rescoldos. Son los mismos que han metido, en las últimas semanas, sus manos sin lavar en las heridas del PP sevillano que, poco a poco, sanaban tras el último congreso provincial que ganó Virginia Pérez. Se les acabó el chollo del ministerio del Interior, del manduqueo, y aunque algunos se traen la agenda repleta de números de teléfonos a los que llamar para que devuelvan favores, lo cierto es que van de cabeza, y en primera instancia, al INEM, el mismo organismo a los que estos compadres mandaron a más de uno no sólo sin el menor remordimiento, sino con celebración pública, gin-tonic en copa de balón en mano, en algún bar de moda de la Plaza Nueva. Los nuevos dirigentes del PP de Sevilla los esperan. Saben que regresan los compadres dispuestos a invadir espacios que nos les corresponde al precio que sea. Lo peor es que a los compadres les da igual las posibilidades que pueda tener un buen candidato como Beltrán Pérez o el trabajo que desarrollan algunos buenos asesores de alcaldes de la provincia. Se temen nuevos episodios de beligerancia interna en el seno de los populares sevillanos y en manos de sus dirigentes legítimos está el impedir el asalto. Se juegan la última posibilidad de empezar a reconstruir el enorme destrozo causado.




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