Un piropo no tiene por qué ser un insulto

La desagradable campaña del Instituto de la Mujer de la Junta de Andalucía, donde califica y generaliza a los hombres como animales que se esconden detrás de una máscara, no está justificada. Un piropo no tiene por qué ser un insulto, como tampoco una mirada, un ceder el paso o una sonrisa amable. Cuando falla el sentido común todo se puede tergiversar y las malas artes se emplean sin distinción de sexo, raza o religión. No nos parece afortunada esa cosificación del hombre como animal que ha realizado esta campaña contra los piropos hecha con el dinero del contribuyente. Si de verdad el Instituto de la Mujer quiere poner su granito de arena en el acoso que sufren las mujeres, inviertan en educación en valores, en el respeto entre iguales desde pequeños en todos los colegios. Ahí es donde radica de verdad el problema, en el que muchas adolescentes se sienten más realizadas y protegidas porque algún “machito” de su pandilla la ha tomado como propiedad. Contra esto es lo que hay que luchar. Ni se puede generalizar al hombre como un buho, pulpo o cerdo, ni tampoco permitir que la excepcionalidad del mal uso de un piropo, que seguramente lo hay, criminalice al resto. ¿O no es acaso la poesía de amor un bello piropo con las sílabas medidas?




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