La triste actuación del cómico Dani Mateo mofándose del “trapo que se compra en los chinos” y sonándose los mocos en la enseña nacional no le ha salido gratis. Ni siquiera amparado en ese programa pretendidamente de humor –“El Intermedio” de La Sexta-, le ha sido suficiente excusa para desatar una ola de desaprobación en las redes sociales. Porque para lo que él es un “trapo” muchos españoles han dado su vida y su sangre, desde la fundación de nuestra nación en múltiples contiendas, pasando por las víctimas del terrorismo que defendían la Constitución y la libertad de expresión que le permite hacer estas payasadas, hasta nuestros soldados muertos en fechas recientes en misiones internacionales.

No. Ofender a la nación española no sale gratis. En cualquier país civilizado este acto sería motivo de una sanción grave, pero en España es, curiosamente, motivo de humor. Lo verdaderamente “gracioso” del tema es que las risas siempre suenan del mismo lado. Si hay que denigrar a la religión las papeletas irán al 90 por ciento para la católica. Si toca mofarse de una bandera no será la de los yihadistas, o la ikurriña, la republicana o la estrellada, las que tengan peor suerte. Ahora es el Rey Felipe VI el blanco de las iras, el único que logró poner freno a la sinrazón nacionalista y unir a todos los españoles contra el golpe secesionista. Para eso se ha encargado el gobierno de Pedro Sánchez de suavizar las penas a instancias de los máximos enemigos de la Monarquía, sus socios de Gobierno.


Igual que el cómico Dani Mateo se ampara en la libertad de expresión para su “sketch” ofensivo, los consumidores lo hacen en su libertad de elección, proponiendo el boicot de las firmas que apoyan, patrocinan o se anuncian en esos programas. Primero ha sido la Clínica Baviera la que ha roto con el monologuista. Ahora la empresa sevillana de moda Álvaro Moreno no les dejará más ropa de su marca para el programa. Son gestos. Pueden parecer pequeños, pero no lo son. Grano no hace granero pero ayuda a su compañero. Este señor tiene que pedir públicamente perdón y arrepentirse de su ofensa. Si no está dando la razón a asociaciones como el Foro Sevilla Nuestra que pide que se suspenda el acto del próximo 1 de diciembre en Sevilla Center.