No se puede afirmar con rotundidad que el olfato sea el sentido más desarrollado de los líderes de los dos grandes partidos políticos andaluces. Los dos, Susana Díaz y Juan Manuel Moreno Bonilla apostaron por caballo perdedor a la hora de posicionarse en los traumáticos procesos internos que han culminado con la renovación del Partido Socialista Obrero Español y el Partido Popular. El primero de ellos, gracias a la obtención del gobierno por una carambola del destino, parece olvidado y las heridas aparentemente sanadas. El segundo, mucho más reciente, le queda mucho camino y más tortuoso por delante precisamente por la reciente pérdida del gobierno de España y casi todo su poder autonómico y municipal. Susana Díaz ha acudido con la mejor sonrisa que ha podido esbozar, a visitar, en la Moncloa, a su íntimo enemigo Pedro Sánchez quien, por arte de birli-birloque, se ha metido a la trianera en el bolsillo. En realidad, el arte del presidente del gobierno está marcado por el símbolo del euro, que suele ser lo que ofrece a todo aquel presidente autonómico que visita la residencia monclovita  y que regresan a su comunidad autónoma, vulgo región, con unos cuantos millones de euros en la cartera. En esta ocasión 500 para ser exactos. Más una promesa de un Plan de Empleo, otro, para Andalucía. Suficiente como para enterrar el discurso eterno de la confrontación con el gobierno a cuenta del traído y llevado asunto de la financiación autonómica y afrontar una más que previsible convocatoria electoral en cuanto estrenemos el mes de septiembre. El odio político entre ambos dirigentes socialistas parece superado por puro interés electoral. Distinto es el panorama en el Partido Popular de Andalucía, donde Juanma Moreno puso toda la carne en el asador en su decidida, y arriesgada, apuesta por Soraya Sáenz de Santamaría como presidenta del partido. El ganador del XIX Congreso Nacional Extraordinario del PP fue, como es bien sabido, el último de la fila en Andalucía, el candidato que menos gusta, o gustaba hasta hace tres días, entre la militancia, dirigentes y cargos públicos de los populares andaluces: Pablo Casado. Así las cosas, con el candidato menos deseado ya de presidente, los que van a partir el bacalao en Andalucía serán aquellos que apostaron sin lugar a dudas por la verdadera perdedora en este proceso, que no es otra que María Dolores de Cospedal, que ni tan siquiera pasó el primer corte, la que menos apoyo obtuvo de toda la militancia del PP y la que ahora, por aquello de la democracia interna, resulta que convierte toda su debilidad interna en fortaleza desmesurada. Con este panorama, los cospedalistas claman venganza y Pablo Casado, consciente de que la presidencia se la debe, en gran medida, a los andaluces que no le quisieron a él como primer plato, parece dispuesto a satisfacerlos. En esos términos discurre la detallada crónica, en clave andaluza, que firma Eugenio Narbaiza en Sevillainfo, veterano periodista que no ha perdido detalle de todo lo que ha ocurrido antes, durante, pero sobre todo durante las horas posteriores al cónclave popular. Juan Ignacio Zoido y los suyos quieren sangre, la de Javier Arenas y la de Juanma Moreno. También la de los Pérez, Virginia y Beltrán, aunque esas cabezas serán mucho más difíciles de cortar por aquello de que el PP sevillano sí se renovó antes de que lo hiciera la estructura nacional. Se podría pensar que, en términos políticos, es una locura descabezar una organización política como el PP de Andalucía con las elecciones autonómicas a la vista, pero los cospedalistas, además de los cadáveres políticos de Arenas y Moreno, quieren volver a controlar el partido a nivel autonómico y provincial, influir en las listas y encontrar acomodo para todos aquellos que se han dejado jirones en este duro proceso interno. Y Casado, del que dicen que no es nada vengativo, se lo está pensando con el argumento de que se juega en gran medida su prestigio político en este primer gran envite al que se enfrentará en su nueva trayectoria política. Puestos a enfrentarse con Susana Díaz, mejor un cospedalista que un sorayista confeso. El nuevo presidente del PP prepara su viaje a Andalucía para la semana que viene. Veremos como termina el episodio andaluz, que acaba de escribir su primer capítulo.