Juan Manuel Moreno Bonilla es ya el nuevo presidente de la Junta de Andalucía. Se trata del primer presidente andaluz que no es del PSOE, una formación política hasta ayer omnipresente en la vida pública y privada de los ciudadanos.  Juanma Moreno, quien muy probablemente sea mejor presidente que candidato, ha anunciado que su primera decisión será la de poner en marcha una auditoria general de la Junta de Andalucía. Cuatro años se antojan pocos para descubrir hasta dónde llegó el mangazo de cuarenta años de régimen. Esa sana intención del presidente de la Junta de abrir cajones y levantar alfombras debe tener como consecuencia directa el de la transparencia. Los andaluces queremos saber qué han hecho los socialistas durante 40 años con los cientos de miles de millones de euros de presupuesto propio y del maná que durante décadas nos llegó de Europa. Queremos saber dónde y cómo se gastaron esos dineros públicos y como se explica que a pesar de tantos recursos y de tanta política social y de progreso del PSOE, Andalucía siga siendo la región más pobre de Europa, la que más desempleo soporta y donde se registran los peores datos de fracaso escolar, donde las listas de espera en la sanidad pública provocan vergüenza ajena y donde las infraestructuras están ancladas en el siglo pasado.


La transparencia debe ser objetivo prioritario de este nuevo gobierno tras décadas de oscurantismo.  Si a los andaluces se nos ha hurtado la posibilidad de conocer en detalle la gestión del PSOE en Andalucía durante estos últimos 40 años, es porque no hemos tenido unos medios de comunicación a la altura. Los andaluces también hemos sufrido las consecuencias de una prensa apesebrada y de unos periodistas entregados a la causa. Las caras desencajadas de los profesionales de la información afines al PSOE y a la extrema izquierda, que son una amplísima mayoría en Sevilla y en el resto de Andalucía, lo dicen todo. Un poema a la vista de todos estos días en el Parlamento de Andalucía. Son los mismos periodistas, nuestros compañeros, que durante décadas nos han mirado por encima del hombro, los que jamás han contado con los periodistas libres ni para tomar café, los que nos consideraban apestados, fachas, los que no han dudado en ocultar y manipular información siempre en beneficio del PSOE. Son los mismos que babeaban con los líderes socialistas y de la extrema izquierda andaluza  y los que hasta ayer por la tarde llamaban extrema derecha al PP y extrema extrema derecha a VOX. El daño que la mayoría de esos grupos periodísticos andaluces y profesionales con nombre y apellidos han infringido a Andalucía es incalculable y explica, en gran medida, porqué los socialistas han conseguido perpetuarse en el poder durante tanto tiempo. Sin la complicidad de esos periodistas e, insistimos, la mayoría de los medios de comunicación, habría sido imposible. Por eso resulta especialmente irónico que esos mismos periodistas, que desde la Oficina del Portavoz del Gobierno, la dirección general de Comunicación Social de la Junta, consejerías, o delegaciones provinciales clamen ahora por preservar sus puestos de trabajo con el falso argumento de que han desarrollado exclusivamente una labor técnica. Mentira. Esos periodistas de la Junta, que se han extralimitado de las obligaciones que impone la nómina, son los que han facilitado la vida, y premiado, a los periodistas ideologizados impidiendo a los pocos periodistas libres ejercer la labor de trasladar a la opinión pública información veraz y de interés público. Esos periodistas de la Junta han recibido el respaldo de la Asociación de la Prensa de Sevilla que, apenas unas cuantas horas después de la investidura, le ha remitido una carta al presidente para que respete el puesto de trabajo de esta legión de periodistas del PSOE. El primer palo en la rueda de la bicicleta lo pone, sin rubor, la APS. Con un par. Es decir, el colectivo que debería velar por todos los periodistas sevillanos, vuelve a demostrar que sólo está para defender a los de izquierda que, según creen, son los verdaderos profesionales, los garantes de la ética periodística y los llamados a defender los valores de la democracia y de la autonomía. La APS debe subestimar en extremo al presidente Moreno al que instan a que inicie una legislatura extraordinariamente complicada con el enemigo en casa, con un motor averiado, con la obsolescencia informativa programada. Preparando el terreno para el regreso del socialismo desde el minuto uno.