Los mercadillos en la vía pública no sólo es que deban existir, es que forman parte de la cultura popular de nuestra ciudad. El Jueves es de los más antiguos de Europa, anterior a la conquista de la ciudad por el rey Fernando III de Castilla. Ahora bien, deben estar, como toda actividad mercantil y comercial, regulados y vigilados. El Ayuntamiento de Sevilla ha hecho muy bien interviniendo el del Charco de la Pava. Un mercadillo es una oportunidad, una segunda vida para esos objetos abandonados en la calle o producto de un desembalaje. Lo que no es ni debería ser nunca es el supermercado de los “chorizos”. No es de recibo que muchos de los sevillanos en el Charco de la Pava vayan con una denuncia de la Policía en la mano para ver si encuentran lo que le han robado en su casa o en el coche la semana anterior. Claro que en un mercadillo no hay facturas, ni iva, ni códigos de empresa, pero la Policía Local no debe dejar este comercio al albur de los que quieren hacer negocio con lo ajeno. Un número de vendedor, una identificación para poder reclamar y asumir una responsabilidad, una papeleta donde pague una tasa municipal por el espacio que ocupa y la basura que deja cuando levante el puesto, un control sanitario sobre los productos de alimentación, un código ético por el que no se admite la receptación; todo eso es lo mínimo que los sevillanos deben pedir a sus autoridades municipales. Y van por buen camino.