A falta de poco más de un año para la celebración de las elecciones municipales, los aparatos de los partidos políticos se ponen en marcha con el objetivo último de captar el mayor número de votos posibles. Todos quieren gobernar; unos mantenerse en el poder, otros recuperarlo, alguno en dar la campanada en la política municipal y el resto se conforma con influir. De entre los partidos que tienen opciones de gobernar en la ciudad de Sevilla, Partido Socialista y Partido Popular se han puesto en marcha casi de manera simultánea en una carrera de fondo que se prolongará por más de un año. El partido de Juan Espadas sabe, como todos, que los votos se ganan en gran medida con obras que, aunque molesten a los vecinos afectados, éstos suelen agradecerlas con su voto. Así, coincidiendo con la Feria, el Ayuntamiento iniciará un total de 17 obras en los barrios sevillanos para darles un lavado de cara, una manita de barniz, para que luzcan bonitos cuando llegue la fecha en la que haya que retratarse ante las urnas. Así que el gobierno municipal, en la recta final de un mandato en el que parece quedar la sensación de que no se ha hecho nada más allá de dejar pasar el tiempo sin escándalos, pone a trabajar a las cuadrillas de obreros para que levanten calles, remuevan cables y tubos, tiren asfalto y pinten lo que haya que pintar. Ante esto, el PP de Beltrán Pérez no ha dejado pasar la Feria para montar su equipo de campaña y remangarse. El equipo está configurado y coordinado por quien tenía toda la pinta de poder haber sido el mejor alcalde de Sevilla: Jaime Raynaud. Los Pérez, Beltrán y Virginia, han confiando en, probablemente, el mejor activo del PP sevillano para recuperar la alcaldía. Raynaud no ha perdido el tiempo y ya se encuentra dedicando sus esfuerzos a la tarea siempre complicada y difícil de conseguir convencer al electorado y recuperar la confianza perdida. Mientras todo esto ocurre, desde la barrera, observa sin perder detalle el líder de Ciudadanos en Sevilla, Javier Millán, quien se podría permitir no tener que hacer demasiados esfuerzos gracias a la magnífica imagen de la que goza su formación política, que se traduce en una creciente intención de voto hacia la formación naranja que no espera, en principio, grandes ataques en especial por aquellos que, muy probablemente, tendrán que llamar a sus puertas a la búsqueda del necesario apoyo para formar gobierno.