La huelga es un derecho inalienable del que nadie ni renuncia ni cuestiona en una democracia. Pero no lo es la cuando encubierta, con colapsos intencionados del tráfico revestidos de manifestaciones de taxistas, están impidiendo el normal desarrollo de una ciudad como es Sevilla. No, no tienen ninguna justificación lo que está haciendo una asociación de taxistas, Élite Sevilla, de enfrentar sus demandas con el derecho a circular libre y ordenadamente en sus vehículos al resto de usuarios de las calles hispalenses. Estos pagan unas tasas para que el Ayuntamiento les garantice que pueden hacerlo libremente, respetando las normas. Y ni un sindicato de taxistas, ni sus reivindicaciones, por muy justas que se consideren, pueden vulnerar el derecho de la mayoría. Con esta actitud provocativa los taxistas están perdiendo la batalla. Los usuarios verán con buenos ojos los VTC porque son más competitivos, más limpios y con una vocación de servicio que el taxista está perdiendo por pura conveniencia personal. Aparte de que es muy discutible desde el punto de vista jurídico que se les pueda prohibir circular por ciertas zonas de la ciudad como el casco histórico a los vehículos sin conductor o VTC. El alcalde no puede mirar para otro lado y debe poner fin a esta situación de caos.