Lesbos frente al Estrecho de Gibraltar

Todos los ciudadanos de bien estamos, a esta hora, satisfechos de saber que los tres bomberos sevillanos enjuiciados este lunes en Grecia, acusados de tráfico de personas, han resultado absueltos de todos los cargos y regresan a España libres de cualquier responsabilidad penal. Pero mientras los sevillanos esperábamos con cierta angustia conocer los resultados del fallo judicial, ha llamado poderosamente la atención, al margen de la diligencia judicial de aquel país en emitir una sentencia, la cantidad de políticos que se han desplazado hasta el país heleno para «acompañar» a los tres bomberos en este trance. Mientras madres y hermanos esperaban en Sevilla, concentrados en la Plaza Nueva, junto a los acusados, suplantando a los familiares más cercanos, han aparecido todo tipo de políticos y sus séquitos, una delegación que ya se concentraba en tierras griegas desde primeras horas del sábado. Esos políticos, representantes de todos los partidos políticos con representación en el Parlamento de Andalucía y toda una consejera de Justicia, han utilizado a los bomberos y su causa altruista para promocionarse y para denunciar ante los medios españoles, también desplazados a Grecia, la tragedia que se produce en aquellas aguas del mediterráneo como consecuencia de la crisis de refugiados que genera la guerra de Siria. En el mismo mar, pero mucho más cerca, a poco más de doscientos kilómetros de Sevilla, también se producen tragedias muy similares sin que merezca la más mínima consideración de los políticos. En lo que llevamos de año, más de 300 inmigrantes han perdido la vida en aguas del Estrecho. Tres centenares de vidas perdidas en las mismas playas que los sevillanos, políticos incluidos, consideramos el paraíso estival, cuando en realidad es el mismo cementerio que se extiende hasta Grecia. Pero, al parecer, resulta mucho más rentable desde un punto de vista mediático, electoral y personal, llenar aviones y hoteles, viajar al extranjero, disfrutar unos días alejados de la rutina diaria para denunciar, en el tono grave que sólo los políticos saben impostar en casos como el que nos ocupa, la injusticia de una realidad que también se produce en la puerta de nuestra casa, donde profesionales y cooperantes, al igual que en Lesbos, se juegan el tipo intentando salvar vidas con la diferencia de que aquí a nadie le importe un bledo.




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