Las condenas a los socialistas acaban con los complejos

La sentencia a la corrupción del PSOE fulmina de diecinueve plumazos la patente de que sólo el socialismo contiene la verdadera y única posibilidad de ser demócratas.  Algo así como cuando la Iglesia confiesa que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. O se pasa por su ideología, el carnet o la simpatía con el socialismo y, más ampliamente, con las izquierdas, o está cerrada la credibilidad como demócratas a cuantos no comulgan con ellos.

Todo lo que durante años caía fuera del PSOE era calificado como franquista, facha, nazi o fascista por el ahora vergonzoso partido que ha protagonizado en sus altos cargos andaluces la mayor y escandalosa corrupción de la historia de la democracia: más de 680 millones de euros que siguieron un destino ilegal de intereses particulares en vez de dirigirse, como estaba previsto, a los bolsillos de los parados. Se dice pronto sobre un partido que lleva en su denominación y hasta en sus siglas la O de obrero.

Si no se era socialista, no se podía ser demócrata. Pero la miserable corrupción sin precedentes del caso de los ERE ha puesto fin a la arrogancia socialista, a la falsa historia de sus cien años de honradez y, por supuesto, a la honorabilidad de sus altos cargos, por más que el cinismo de Ábalos no tenga límites. Menos mal que los ha puesto la sentencia, clarísima en número de años de prisión y de inhabilitación.

Se acabó el cuento del PSOE, su inmaculista marca democrática. Además de que los ERE significan un sumando más a los despropósitos, favores, pesebres, clientelismo e ilegalidades que los socialistas se han permitido, como el también memorable caso de los GAL con Felipe González siendo nada menos que presidente del Gobierno.

Ya podemos ser lo que queramos y serlo sin complejos. Ya podemos ser demócratas sin pasar por las bendiciones del PSOE. Se le terminaron sus presumibles  -que nunca ciertas-  faltas de culpa, su blancura y transparencia artificial, su predicada ejemplaridad que en absoluto le correspondía. No se atreverán a tirar ya más la primera piedra. Si lo hicieran desde su proverbial cinismo, como estos días el del secretario de Organización, José Luis Ábalos, es a ellos a quienes la credibilidad y su defensa a ultranza del más puro ser democrático se les ha caído por los suelos. Con la sentencia en la mano, ya podemos ser demócratas. Es el PSOE el partido que tiene en entredicho esa condición.




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