La subida de sueldos en el Ayuntamiento de Sevilla

La noción de lo que es un socialista en el poder está bastante devaluada a lo largo de la democracia española. Va un trecho desde la pana de los primeros años a los trajes bien cortados y de cara confección de Rodríguez Zapatero o Pedro Sánchez. Eso por decir algo. Como hablemos de chalets de lujo, residencias veraniegas, rehabilitación de palacios para uso doméstico, vacaciones en yates, desplazamientos en aviones para evadir las molestias en coche del resto de los mortales También eso por decir algo.

Incluso históricamente el socialismo español está desmentido y desacreditado por socialistas objetivos que lo han contado tal como fue, desmoronando sus cien años de honradez. Según ellos, el socialismo de la II República no sólo no era demócrata, sino que incluso despreciaba la democracia.

A estas alturas está demostrado y es vox populi que ser político socialista es un ideario antojadizo que se modula a la conveniencia de cada momento, es una ambigüedad como otra cualquiera, una incongruencia a la medida de las distintas circunstancias, vivir al sol que más calienta  y una falacia que ha divorciado lo predicado de lo practicado. Al final de todo, ser político socialista es como una tomadura de pelo que sus votantes encajan con docilidad aun cuando entre ellos y el socialista gobernante de turno haya una diferencia de años luz, una enorme y más que evidente distancia entre la vida que se pega el político y la que padecen quienes lo eligen. En posibilidades económicas hay entre uno y los otros una brecha como el Cañón del Colorado.

Lo primero que ha hecho el alcalde de Sevilla nada más retomar el poder en el Ayuntamiento es subirse su sueldo y el de toda la corporación municipal. Lo segundo, extrañarse de que la gente lo haya criticado.

Juan Espadas ha pasado de cobrar 63.499 euros anuales a percibir desde ahora 84.666 euros brutos. Así dice sentirse equiparado a alcaldes como los de Valencia y Málaga. La media de la subida es de un 38%. Y ha sido aprobada por el PP y naturalmente el PSOE. Ciudadanos se ha abstenido y los votos en contra han sido los de Vox y Adelante Sevilla, una paradoja de la que resulta que, también en política, los polos opuestos se atraen, o como poco coinciden.

Juan Espadas se ha basado en varios argumentos para justificarse en lo injustificable.

El primero es que no se producía una subida desde 1991, hace 28 años. ¿Cuánto dinero equivalente en pesetas eran entonces  63.499 euros? No está nada mal hace cerca de treinta años. Estaba más que compensado no revisar los sueldos para subirlos.

El segundo argumento es que Sevilla necesitaba equipararse en remuneraciones municipales a otras grandes ciudades, como Madrid o Valencia. Lástima que no sepa llevar a cabo la equiparación de Sevilla en progreso, que no sea competente para igualarla en avances.

El tercero es el argumento de la dedicación y la responsabilidad. ¿Es que la gente no se dedica también a lo suyo responsablemente? ¿Es que tantos padres de familia como él no se parten el lomo matándose a trabajar diariamente para sacar sus casas adelante?

El cuarto es defender lo indefendible agarrándose a que la normativa de retribuciones establece que se fijen dentro de los quince primeros días tras la toma de posesión. ¿Prohíbe la normativa haber confesado sus intenciones durante la campaña electoral?

Tiene gracia que Juan Espadas no comprenda que para algunos haya supuesto “un drama” la cuantiosa subida de sueldos del alcalde y concejales. ¿Sabe siquiera Espadas lo que es un drama, un verdadero drama, el de miles de personas que acuden diariamente a los comedores sociales, el de quienes pagan con muchos sacrificios y privaciones personales los recibos de la luz, los de la contribución urbana, la tasa de basuras, el impuesto de circulación en la ciudad en la que cada vez se obstaculiza más circular?

Por preguntar que no quede: ¿Qué es ya y a estas alturas un alcalde socialista, si lo primero que hace es subirse el sueldo (faltaría más haber descuidado los plazos imperativos en materia retributiva)? Quizás sea aquel que sabe que quien reparte y reparte se lleva la mejor parte.




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *