La playa de Sevilla tiene papeles

El Ayuntamiento de Sevilla cuenta con un Servicio de Patrimonio, dentro del Área de Hacienda y Administración Pública, donde trabajan a diario un buen número de funcionarios municipales. Desde hace tres años, tres, cuentan con una denuncia presentada por un investigador y un abogado sevillano, con su correspondiente documentación, en la que instan al Ayuntamiento a investigar la titularidad de 150 hectáreas de terreno en la que se incluye una playa, en Matalascañas. La noticia, publicada este fin de semana por este diario digital, ha despertado un interés público sorprendente. Más de 200.000 visitas ponen de relieve que el caso ha interesado a los sevillanos, un interés directamente proporcional a la desidia municipal que durante tres años no ha mostrado, o demostrado, la más mínima intención de investigar este patrimonio, cuya propiedad, según los demandantes, no deja lugar a dudas según la documentación aportada. El supuesto que plantean los demandantes, Gabino Carranza y José María Font, es beneficioso para la ciudad y no persigue, como se ha llegado a especular en la vecina y hermana provincia de Huelva, ningún tipo de alteración de límite de término municipal alguno. El gobierno municipal mostró algunos nervios cuando estos sevillanos presentaron la denuncia y, al poco, unos técnicos municipales se reunían con Carranza y Font mostrándose muy interesados por este patrimonio del que se desconocía su propiedad. Por procedimientos muy parecidos se pudo descubrir que Sevilla era propietaria de, por ejemplo, el Castillo de Alcalá de Guadaíra, Cortegana, Fregenal de la Sierra, Aroche, Cumbres Mayores, o Almonaster. Tres años es tiempo más que suficiente como para que la investigación municipal arroje luz sobre este particular que de anecdótico no tiene nada. Es, como si usted, estimado lector, o lectora, descubre que es propietario por herencia de un chalé con parcela de 2.500 metros cuadrados en Galapagar. ¿Se interesaría por su patrimonio? Lo lógico es pensar que sí, que cualquier persona pondría interés en conocer la situación de su aparente propiedad, pero por algún motivo al Ayuntamiento de Sevilla no le interesa tanto como a los sevillanos.




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