El Partido Popular de Sevilla vuelve a tener a un candidato a la alcaldía de Sevilla a la altura de lo que un día fue un gran partido de gobierno en España y en Sevilla. En Andalucía siempre se le estuvo esperando pero nunca llegó. El caso es que los populares sevillanos, tras el fiasco de Juan Ignacio Zoido al que introdujeron con calzador y ganó sus segundas elecciones por agotamiento del adversario y, especialmente, por la mala imagen de sus por entonces socios, vuelven a tener un candidato íntegro y honesto digno de la ciudad que aspira a gobernar. Beltrán Pérez está sorprendiendo por su capacidad de trabajo y por su profundo conocimiento de Sevilla. Está en todos lados, su agenda echa humo, y mantiene en permanente tensión a su equipo de colaboradores. Se ha sabido rodear bien en casi todos los frentes, aunque deba reforzar algunos frentes estratégicos, y muestra un talante dialogante y cercano, aunque serio. El enorme daño que Zoido y su equipo hicieron y siguen haciendo en el PP y en Sevilla aún no se ha calculado en toda su dimensión. De un lado, tras perder estrepitosamente las elecciones de 2015, se dedicó a esconderse, a no afrontar sus responsabilidades como oposición y a salvar su sueldo público mientras exigía sacrificios a sus concejales. Conocida es la afición del ex todo por el dinero, legítimo por supuesto. Entre el excesivo tiempo que le duró la conmoción por la pérdida del poder y el miedo al por entonces incipiente sector crítico, Zoido no comió ni dejó comer. El PP, en su faceta municipal, desapareció durante buena parte de la legislatura que entra ya en su recta final. Beltrán Pérez quiere liderar la oposición y se ha fajado en la tarea, pero el tiempo es el que es y las elecciones la tenemos a la vuelta de la esquina. Ha recuperado buena parte de la iniciativa política y actúa como alcaldable. Pero Zoido sigue ahí, aferrándose como clavo ardiendo a la última posibilidad de supervivencia política que le queda, que ahora se llama Pablo Casado de la misma manera que hace unas pocas semanas se llamaba María Dolores de Cospedal. Zoido debe tener también un punto gafe. Con una facilidad asombrosa para alcanzar puestos de responsabilidad, los pierde de manera traumática. Todo lo que toca, lo malogra. Por responsabilidad propia o por la alucinante incompetencia de su equipo. Fue expulsado, casi a patadas, del ministerio del Interior, de la alcaldía de Sevilla y del PP sevillano, por lo hablar de su gestión, si es que la hubo, en el PP de Andalucía. Especialista en apostar a caballo perdedor, lo hizo por Cospedal en el proceso interno por el liderazgo del partido y como era de esperar, perdió. Ahora lo hace por Pablo Casado que debe lamentar en sus adentros tan siniestro apoyo. Con todo, cabe esperar que Zoido deje de una vez por todas de enredar y ahora es la oportunidad con la celebración del Congreso del PP. Si gana Soraya, Zoido y su tropa tendrán que dedicarse a la consultoría o a ocupar el cupo político en las universidades, pero sería hasta deseable que consiguiera el cargo por el que suspira para que deje trabajar, de una vez por todas, a aquellos que han sido designados para ello, caso de Virginia Pérez al frente del PP de Sevilla, y de Beltrán Pérez como candidato a la alcaldía de la capital. Ambos no pueden, por más tiempo, dedicar tantos desvelos en adivinar por dónde les va a venir la próxima puñalada por la espalda.