La Manada sigue generando estupor

Se llama Antonio Manuel Guerrero, y su nombre es probablemente, de los más conocidos de nuestro país. También su rostro y sus andanzas. Pendiente aún de sentencia firme por abusar sexualmente de una joven de 18 años en Pamplona, Guerrero es miembro de la Guardia Civil, cuerpo del que se encuentra suspendido de funciones. Además de abusador sexual, cuestión que tendrá que confirmar el Tribunal Superior de Justicia de Navarra, Antonio Manuel Guerrero mancilla desde hace más de dos años el buen nombre de la Guardia Civil. No hace falta sentencia alguna para confirmar que este sujeto, un auténtico descerebrado, ha provocado un tremendo daño a la imagen del benemérito instituto. Nadie se explica cómo pudo ingresar en el Cuerpo cuando, no hace tanto, se exigían numerosos requisitos más allá de los puramente académicos. Este sujeto intentó obtener el pasaporte en una comisaría del Cuerpo Nacional de Policía de Sevilla cuando tiene prohibido salir al extranjero, como medida cautelar. Ni siquiera puede tener en su poder un pasaporte. La jefa del servicio de expedición del documento advirtió a Guerrero de la situación irregular en la que estaba incurriendo. Si existía alguna mínima duda, que existe, sobre la culpabilidad o no de estos individuos sobre los hechos ya condenados en primera instancia, la actitud de Guerrero es una burla inaceptable. El tribunal que los puso en libertad condicional entendió que no existe riesgo de fuga, pero a tenor de los acontecimientos, parece evidente que Antonio Manuel Guerrero quería poner tierra de por medio. El tribunal debería reconsiderar la puesta en libertad de este individuo y que regrese a Alcalá-Meco, la prisión militar de la que, probablemente, nunca debió salir.




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