La política tiene sus sinsabores. Que se lo digan a Alfredo Sánchez Monteseirín, el alcalde de Sevilla que tuvo que poner tierra de por medio para evitar los improperios que recibía por la calle incluso después de ser descabalgado de la alcaldía de Sevilla, arrollado por el efecto Zoido que, cuatro años después, se diluyó como un azucarillo. A diferencia del hoy ministro del Interior, que en cuatro años se dedicó a mirarse en el espejo, ajustarse el nudo gordo de la corbata y menear, junto a los suyos, los hielos del gin-tonic en los bares de moda de los que disfrutaba tras degustar sus ensaladillas y pavías, Monteseirín gestionó la ciudad, con sus luces y sus sombras. Y pagó una alta factura. Por las setas, por el carísimo tranvía y por sus socios, aquellos de IU encarnados en Lolo Silva y Antonio Rodrigo Torrijos, y su mano derecha por entonces, Manuel Marchena, que se les atravesó a buena parte de la opinión pública y sobre todo, a la opinión publicada. Monteseirín, con el tiempo, se está reivindicando y los sevillanos, también poco a poco, empiezan a reconocer las luces de su gestión. Uno de sus grandes aciertos y de los menos conocidos fue la gestión del agua. Modernizó, sustituyó y reformó las canalizaciones de agua potable, levantó las calles de media Sevilla para cambiar las centenarias redes de alcantarillado de la ciudad y se preocupó, con todo, por mejorar la calidad del ciclo del agua desde su captación y hasta su devolución una vez usada y depurada. Gracias a esa gestión de lo público hoy los sevillanos disfrutamos del agua del grifo de mejor calidad de entre las diez ciudades más pobladas de nuestro país. Los expertos afirman que el agua corriente, el agua que emana de nuestros grifos está a la altura del agua de los manantiales o del agua envasada. Monteseirín no supo, o no quiso, vender públicamente esa gestión, aunque también es muy probable que conociera demasiado bien a sus paisanos y supiera, en el fondo, que los sevillanos, por aquella época, se dejaban llevar mucho más por la micropolítica de salón, la foto y el titular de usar y tirar que por la verdadera política con mayúsculas, aquella que se desarrolla en beneficio de los administrados.

Desconocemos, por último, si existe, como sostiene algún periodista de reconocido prestigio de la ciudad, una campaña para blanquear la imagen del que fuera alcalde de Sevilla puesta en marcha, supuestamente, por los sectores y medios más beneficiados por la publicidad institucional repartida durante su mandato para silenciar voces críticas a su gestión. Nosotros no estamos en esa supuesta campaña, ni este digital pudo recibir beneficios, ni perjuicios, por parte del entonces alcalde por la sencilla razón de que no existíamos, por lo que no debemos nada a nadie. Es más, el director de Sevillainfo, fue, probablemente, de los periodistas más críticos e implacables con la gestión del alcalde socialista. El tiempo ha demostrado que ni Monteseirín fue tan malo, ni Zoido tan bueno.