Lo dice el informe Pisa que evalúa por regiones. Lo sabe todo el mundo, que una vez transferidas las competencias en materia de educación, cada comunidad evalúa el dinero, el número de profesores, las aulas, el material, etc. que quiere invertir en la misma. Y los resultados no son homogéneos. Pero cada vez que alguien menciona estas desigualdades favorables a otras comunidades el PSOE-A salta a la yugular de los que se atreven a meterse con los escolares andaluces. Para ellos la Junta, el partido, los alumnos, las clases y todo lo que se mueva en Andalucía es suyo, porque así llevan gestionándolo desde hace ya casi la friolera de 40 años al más puro estilo del PRI mexicano. Y hace muy mal el líder de los populares desacreditando a la exministra Tejerina cuando dice no estar de acuerdo con que un niño de diez años andaluz sabe igual que uno de ocho castellano leonés. Son las cifras. Y es así de triste que la Andalucía del furgón de cola del desarrollo no esté a la misma altura que otras regiones, pero así se ha decidido en esta España de las autonomías que los españoles nos hemos dado a nosotros mismos para encajar el nacionalismo catalán y vasco. ¿Lo hemos conseguido? Ni lo uno, ni lo otro. Ni hay igualdad se nazca donde se nazca, ni la fiera separatista se ha calmado una vez alimentadas todas sus ansias cada vez que tenían la llave de la gobernabilidad. Ese es el principal debate que había que tocar en esta precampaña electoral y no quiénes son los niños más listos, más guapos o más altos.