El gobierno municipal del socialista Juan Espadas comienza a presentar aristas en la recta final de legislatura. El alcalde, que no ha tenido especial problema durante estos tres años de gobierno debido, en gran medida, a la ausencia de una oposición beligerante, lo que le ha permitido gobernar como si disfrutase de mayoría absoluta, corre el riesgo de dilapidar la buena imagen generada entre los sevillanos a pocos meses de las elecciones. No hay peor periodo para meter la pata. Los ciudadanos suelen acudir a las urnas con acontecimientos frescos en la memoria. No se suele hacer balance de los cuatro años, sino de los cuatro últimos meses. Cuidado. Espadas tiene un pobre balance que presentar a los sevillanos, con muchos anuncios y pocos hechos. Corre el riesgo de mostrar un balance negativo, especialmente como consecuencia de los problemas de seguridad que los ciudadanos están constatando en numerosos barrios de Sevilla y los gravísimos problemas de convivencia en barrios como la Macarena, donde se congregan el 80% de los servicios sociales de las administraciones. Preocupa y mucho la pérdida del principio de autoridad del alcalde de Sevilla. Sorprende que nadie trasladara información al primer edil sobre el proyecto del Centro de Atención a Inmigrantes de Ronda de Capuchinos, que le estalló al alcalde en las manos cuando alguien le trasladó la información publicada por este diario digital, en vísperas de su apertura. Otro ejemplo de la pérdida de autoridad del alcalde ha tenido como consecuencia la ruptura de relaciones entre las asociaciones de vecinos de la Macarena y el gobierno municipal. El motivo, que mientras el alcalde afirma que redistribuirá las plazas del albergue municipal, sus subordinados ordenan todo lo contrario y así se lo trasladan a los vecinos. Trasciende, y es lo preocupante, que el alcalde manda poco. En la Junta, territorio amigo, le tumban el proyecto de ampliación del Metrocentro y en el gobierno central, también socialista, le dicen que si quiere ampliación del Metro debe pagar, cuestión que ningún Ayuntamiento con Metro ha tenido que afrontar. A este panorama, hay que añadir la tala masiva de árboles en la ciudad. Nos contaron que serían 2.500 ejemplares enfermos o que suponían un riesgo para la población, pero se han talado más de 3.500 entre ellos muchos sanos. Y, al parecer, Espadas ha estado ajeno al fondo de la cuestión. El alcalde se desdibuja en la recta final, cuando tiene a la vista la meta del final de la legislatura. La pérdida de poder interno de Juan Espadas se pone de relieve mientras sus dos superconcejales, mano derecha e izquierda, íntimos enemigos, acaparan titulares y fotografías y hacen de su capa un sayo.