Esta administración no tiene nombre. En vez de ayudar, dificulta. La multa impuesta a las monjas de Santa Inés, 170.000 euros por restaurar sin su autorización  un órgano de su propiedad, es ridícula. De antemano sabe que no tienen esa cantidad y que es imposible que hagan frente a la misma. La restauración del instrumento musical está en manos de profesionales que la están haciendo de forma desinteresada. ¿A cuento de qué viene esa sanción tan alta? ¿Convertir una falta administrativa, no comunicar formalmente la restauración, en un delito? Es intolerable que la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes de la Junta de Andalucía, castigue de esta forma a una comunidad que con su trabajo callado y su esfuerzo velan por un patrimonio que ellos han sido incapaces de conservar. Ejemplos de conventos y monasterios abandonados y en ruina los hay a decenas por toda Andalucía. Cierto es que las monjas deberían haber pedido autorización por ser un bien declarado de interés cultural (BIC) y presentar el proyecto de restauración. Pero esta multa desproporcionada e injusta es un error garrafal que se tiene que subsanar inmediatamente. Un órgano de iglesia no es una fachada que se tira o un campanario que se modifica para hacer un mirador con vistas. Si se restaura es porque hay especialistas en la materia que entienden del tema. Como saber rectificar es de sabios, esperamos que la Consejería de Cultura de un paso atrás y reconsidere la multa, antes de que un coro de voces le saque los colores al nuevo consejero Miguel Ángel Vázquez por tamaño desafino.