Nuestras administraciones están jugando con fuego, con las vidas y el patrimonio de muchos sevillanos, aquellos que residen en los municipios del Aljarafe. Las Mancomunidades, esos entes supramunicipales que se pusieron de moda en los años 80 del año pasado como instrumento para justificar, cuando no para distraer recursos públicos y colocar afines, se demostró hace tiempo como la más ineficaz estructura de la administración pública, al punto de que prácticamente todas han desaparecido, a excepción de la de los municipios del Aljarafe sevillano. Bajo su jurisdicción se encuentra el Servicio de Bomberos que viene sufriendo desde hace lustros numerosos problemas derivados de la falta de personal y de medios técnicos. Cuando se produce un incendio, todos nos acordamos de los bomberos, pero en cuando se atienden y los extinguen, pasan directamente al olvido. Es bueno que los ciudadanos no piensen en los bomberos, síntoma inequívoco de la ausencia de incidentes o de sensación de seguridad, pero es extraordinariamente preocupante que los alcaldes y la Diputación Provincial de Sevilla no atiendan, como merece, un servicio tan básico como el de extinción de incendios. Al ciudadano le importa poco si los responsables son los de la Mancomunidad o los de la Diputación, lo que quiere es que ante un incendio, los bomberos aparezcan lo más rápido posible, lo apaguen y salven personas y bienes. Y este verano, sólo están para atender un incendio. Uno en todo el Aljarafe. Si se producen dos, como este domingo, uno no tendrá quien lo sofoque, como los que se vienen registrando durante tres días consecutivos en una urbanización de Espartinas. Este domingo, un gran incendio de pastos junto a una gasolinera de Nueva Sevilla, obligó a los únicos bomberos activos a centrarse en su extinción mientras, en Espartinas, los vecinos de una urbanización debían abandonar sus casas al verse rodeados por un incendio, que ningún bombero atendió,  salvo algunos vecinos que consiguieron a duras penas controlar el incendio que se ha reproducido hasta en tres ocasiones. Alguien, algún representante público, está jugando con fuego, con la vida de las personas, y quizá no lo sepa. De otra manera no se entiende tanta dejadez, tanta indolencia. Quizá, ese cargo público, crea que si ocurre algo, si lamentamos alguna víctima mortal, el responsable sea éste o aquel y desconozca que es él mismo. Tiene nombre y apellido y habrá que esperar que lo advierta cuanto antes y ponga a disposición de los bomberos del Aljarafe los medios mínimos que garanticen el servicio. Mejor que lo advierta por sí mismo a que sea un juez quien determine la responsabilidad penal de quien, por incompetencia supina, nos está poniendo en riesgo.