Juan Espadas, Sevilla no lo ha dejado

Poniendo a Sevilla en el primer plano respecto de la toma general de las Elecciones a tres bandas celebradas ayer, el PSOE las ha ganado. Y seguramente en el caso sevillano, más que el PSOE las ha ganado Juan Espadas, ese alcalde de izquierdas que parece de derechas, un rompedor de esquemas que personaliza como nadie la idea de superar la clásica división política de un signo y otro. Contra eso no hay quien pueda. Y menos en Sevilla. Un socialista cuyos hijos salen de nazareno en la Hiniesta, un socialista que se santigua ante la Virgen de los Reyes, un socialista que va a misa, que presencia desde el cuerpo de campanas de la Giralda los toques de las Lágrimas de San Pedro… Un hombre correcto y educado que saluda a todo el mundo, un hombre con buena imagen, con lo importante que es en Sevilla tener una buena imagen. Un socialista así no deja sitio en la escena al PP, se lo come, lo desbanca, lo reduce en escaños. Espadas es el pack idóneo de Sevilla, una especie de combinación perfecta para esta ciudad.

El Partido Popular retrocede aún más, se acerca al precipicio, le espera la escueta salvación de una cornisa si no se enfrenta de una vez a una reflexión valiente sobre sus culpas. Alegan y analizan de todo, menos la auténtica causa de sus males: tiene un electorado en el exilio, de millones de votantes que no han perdonado ni se han olvidado de la estafa electoral de Rajoy; llevan grabada en sus carnes y en sus dificultades mensuales la voracidad fiscal de Montoro, los enormes e inhumanos sacrificios para gente corriente, pero de los que siempre se libran los políticos y sus abultados sueldos y prebendas.

Juanma Moreno hubiera podido servir y extender, desde diciembre y hasta la capital de Andalucía, el atractivo del cambio. Pero el argumento está agotado por los casi seis meses -medio año- en los que la Junta casi no ha hecho otra cosa que marear la perdiz, sin apenas aterrizajes en la vida real, contante y sonante de los andaluces, perdido el nuevo gobierno en abarcar una compleja herencia adminsitartiva. Ha creído bastarle el fogonazo de la bonificación del Impuesto de Sucesiones y sólo para la línea directa. Estamos a dos pasos de junio y el único “cambio” del que la Junta es capaz es un plan de sedes administrativas para Sevilla, auspiciado por la Dirección General de Patrimonio, de la Consejería de Hacienda, Industria y Energía. Su exposición de motivos, sus justificaciones de ahorro, podrían ser tan rentables como se quiere hacer ver, pero también tan innecesarias y nada urgentes como para sentir pruebas reales que hagan cumplir lo prometido en campaña. Las expectativas de los andaluces no estuvieron nunca en costosas mudanzas de un edificio a otro, en un trasiego de funcionarios y empleados públicos cuyo rumor ya está inquietando a los administrados.

El resto del escrutinio de ayer deja a Ciudadanos en una situación que hace disminuir su ambición de fuerza sustitutoria. Podemos es cada vez menos de lo mismo o, en el mejor caso, se conforma ya con ser lo mismo, “virgencita, que me quede como estoy”. Y Vox irrumpe en el compuesto municipal. Puede que sea una entrada lenta, pero puede también que de largo recorrido.



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