Estado de alarma económico

La verdad se va imponiendo a un mentiroso compulsivo como Pedro Sánchez. Cae sobre su cabeza el viejo dicho  -como si fuera la espada de Damocles- de que la mentira tiene las patas muy cortas. De las utopías comunistas de su sociopesadilla Pablo Iglesias, va pasando a la sensatez que obligan los hechos incontestables. Por ejemplo (y vaya un ejemplo de peso), que el Fondo Monetario Internacional anuncie que la caída de España será la más dura junto con Italia.

El comunismo se ha quedado sin destino y apeado finalmente del caballo de Troya del alargadísimo y probablemente inconstitucional estado de alarma. La cobertura del juguete de unos dictadores se ha acabado. Y encima se ha vuelto en contra de ellos, porque ni Sánchez ni Iglesias fueron capaces de calcular que han brindado a millones de españoles la oportunidad de vivir con el confinamiento un simulacro del comunismo. Han sido ingenuos como para dar a probar con una especie de arresto domiciliario lo amargo que es vivir sin libertades, y no digamos la de movimientos y la libre circulación. Han sido torpes, entre tantas de sus torpezas, para olvidar que se hace inolvidable para el pueblo la experiencia de más de cuarenta años de democraciaEn España, a pesar de todo, se ha vivido muy bien antes de ellosNi con Franco se recuerda esto. Y la gente le ha visto los cuernos al toro.  Por eso las encuestas van adelantando el castigo electoral que se prepara para el PSOE, para Podemos e incluso para el cómplice Ciudadanos. Nos referimos, claro, a encuestas mínimamente fiables, no por completo imaginarias y manipuladas por Tezanos.

El comunismo no va a llegar a su meta chavista porque el Gobierno se ha visto finalmente forzado a cambiar de dirección, dando volantazos como el de no salir adelante -por mucho que se llamen Adelante- la propuesta de Iglesias para que paguen el pato los ricos. Y también se ha tumbado el deseo de Podemos y los filoetarras de Bildu de hacer comparecer a Felipe González en el Congreso para el superado y sentenciado caso de los GAL. Por lo visto esa gente no sabe que en nuestro ordenamiento judicial rige el principio procesal de la cosa juzgada. Pero Sánchez parece  -parece-  empezar a aclararle al comunismo que hay cosas inviolables a las que aplicar también que NO ES NO.

Se impone como consigna máxima la palabra unión, que desbanca a otra que por mucho que se le parezca no tiene nada que ver: Unidas. Hoy mismo, sin ir más lejos, el PSOE se ha puesto de acuerdo con el PP para convalidar el decreto de la denominada “nueva normalidad”. Ya veremos lo que sale de ahí, pero de momento es un indicativo sobre la mala conciencia socialista de que el pasado estado de alarma sanitario ha desembocado en este presente  -y desgraciadamente duradero y sine die-  estado de alarma económico.

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