El proyecto de Juan Espadas de ser el alcalde que acabe con el asentamiento chabolista de El Vacie tiene mucho peligro. El que ningún predecesor suyo ha querido asumir. Ni el anterior Jefe del Estado, en general Franco, pudo con el núcleo chabolista más antiguo de Europa. El alcalde socialista de Sevilla, que disfruta de una recta final de legislatura apenas sin sobresaltos a pesar de su gobierno en minoría, ha puesto en marcha, sin apenas ruido, los elementos necesarios para erradicar el Vacie, algo que a muchos sevillanos suena a cuento chino a fuerza de haberlo oído en boca de todos los alcaldes o mandatarios autonómicos. Pero resulta que, en esta ocasión, va en serio. Espadas, a diferencia de su antecesor que se limitó, junto a una cuadrilla de Lipasam y un ejército de periodistas a limpiar el asentamiento, jugar un partido de fútbol, y hacer, en definitiva, el paripé y olvidarse de aquello, le ha sacado los cuartos a Europa y ahora anda configurando un equipo compuesto por una treintena de técnicos y especialistas para llevar a cabo la erradicación de un asentamiento que data de 1.932. En honor a la verdad fué el alcalde Monteseirín el que hace diez años puso en marcha el Plan de Erradicación del Vacie, consciente de que el proyecto cristalizaría sólo a largo plazo. Ese plazo ha llegado por decisión de otro socialista, Juan Espadas. El Ayuntamiento ha decidido una intervención social para integrar las 120 familias del núcleo chabolista en diferentes barrios de Sevilla. No ha querido, o no se ha atrevido, señalar los barrios concretos donde se realojarán las familias conforme vayan abandonando sus chabolas, por temor a la reacción de los sevillanos que ya se manifiestan al respecto en las redes sociales. La noticia publicada por Sevillainfo es la más comentada desde la puesta en marcha de este digital. Y las reacciones parecen unánimes: nadie quiere en su barrio a los chabolistas realojados. Habrá que analizar que fenómeno sociológico se esconde detrás de esta reacción inicial de rechazo, fácil de desvelar por otra parte, pero parece evidente que Juan Espadas debe hilar fino para encajar la piezas de un puzzle que nadie ha sabido, podido o atrevido a encajar.